Bedate: Para engañar al tiempo

Resulta inevitable para cualquier espectador no quedar subyugado por las grandes obras maestras de la historia del arte, concebidas en distintas épocas y que integran el acervo de la cultura universal. Esas imágenes, que han devenido icónicas, vienen a formar parte de nuestra contemporaneidad y a expandir el propio campo en el cual fueron creadas para participar del marketing y del imaginario popular; quién no conoce la Monna Lisa de Leonardo da Vinci o el David de Miguel Ángel, piezas que devienen paradigmas de los museos y ciudades que las albergan.

Es tarea del artista, desde su etapa formativa, mirar hacia los grandes maestros, estudiar la tradición precedente y nutrirse de ella como una fortaleza para entender la actualidad y encontrar un leguaje propio. Sin dudas, la obra de Miguel Ángel Bedate (Cáceres, 1952) y su reciente muestra Una vida dedicada al arte parte de esa premisa. La exhibición, emplazada en la sala de exposiciones La Salina, constituye un paseo por monumentos como la Alhambra de Granada o la Acrópolis griega con sus cariátides, así como un despliegue de referentes tomados de Durero, Ingres o el propio da Vinci. Pero Bedate no solo se apropia de estas obras, el artista gusta por el contrario de reformularlas, al colocar un elemento nuevo en las composiciones, otorgando así un sentido lúdico a las piezas.

Capiteles y Ánforas clásicas abandonados en la orilla de la playa, una Venus varada en el mar o una escultura griega en medio de un jardín mediterráneo donde las verdaderas protagonistas devienen las flores de estación; son algunas de las descontextualizaciones que emplea Bedate para insertar lo propio en lo ajeno y hacer mucho más cercanos estos imaginarios. Así el Adán de Alberto Durero parece que saliera de una típica casa de pueblo, mientras su Eva se dispone a darse un baño en la alberca, o la joven desnuda de la fuente de Ingres se sitúa en medio de un riachuelo. El artista evoca paisajes conocidos, a veces los denota, y de alguna manera también los canoniza al encontrarlos con grandes referentes de la pintura.

Por otra parte, presenciamos un anacronismo que recorre toda la muestra: el tiempo como una voluntad lineal que marca una cadencia, pero también como una fuerza discontinua y fragmentada. El motivo del reloj que aparece en diversas piezas, viene a actualizar y a insertar en una nueva periodicidad las obras modélicas que emplea el artista, pues han sido justamente la perdurabilidad y el paso de los años quienes le han dado un sentido paradigmático a lo que entendemos por arte.

Bedate gusta de respetar la visualidad original de sus maestros, hecho que evidencia su propia destreza como pintor y dibujante, siempre cercano al realismo y al costumbrismo, pero también nos muestra la faceta de paisajista y naturalista que ha acompañado gran parte de su trabajo. Una vida dedicada al arte implica, como se infiere en el propio título de la muestra, una experiencia donde la creación se convierte en necesidad espiritual, donde vivenciar el arte, producirlo, contemplarlo y admirarlo representa el fin último de la existencia.

 

Maeva Peraza