África del Norte y Oriente Medio: un apartheid de género

“Al atacar a Malala, los terroristas han demostrado lo que más temen, una niña con un libro”. Con estas palabras, Ban Ki Moon, el secretario general de la ONU en 2013, resume bien la visión de la mujer en Pakistán. Malala, una chica luchadora por los derechos, y especialmente los derechos a la educación, casi perdió la vida en 2013 en un ataque de los talibanes dirigido contra ella en su autobús escolar. Desgraciadamente, esto sigue ocurriendo en el mundo. De hecho, con la toma de Afganistán por los talibanes, las mujeres han perdido numerosos derechos, y se convierten ahora en “personas non gratas” del espacio público.

Solenn Hellec. Defensora de los derechos humanos

Pero es importante recordar que Afganistán no es un caso aislado. Los derechos de las mujeres son vulnerados en Oriente Medio y Norte de África. El informe anual del Foro económico global para medir la paridad entre hombre y mujeres en 153 países se basa en cuatro criterios fundamentales: la salud, la educación, la economía y la política. Este año, sus conclusiones no son optimistas.

Según estos criterios, la región de Medio Oriente y África del Norte es la zona con la mayor brecha, que se sitúa en el 60,9%. En esta región, las mujeres padecen una falta de derechos en cuanto al trabajo, al matrimonio, o a la custodia de hijos e hijas. En el Yemen, por ejemplo, lo que llama la atención es que las mujeres no pueden casarse con quien deseen. Incluso hay niñas y hay chicas de 8 años que tienen que casarse. En Etiopia, sufren agresiones sexuales perpetradas por el ejército. Además, el tiempo de pandemia no permitió mejorar la condición de las mujeres. En Argelia, Irak, Jordania, Marruecos y Túnez, las líneas de asistencia telefónica y los refugios para sobrevivientes de violencia de género intrafamiliar han constatado un incremento del número de llamadas de socorro o de casos de violencia de género registrados.

En suma, pese a la Primavera árabe de los años 2010, las mujeres siguen siendo perseguidas y sus derechos universales son vulnerados.

¿Cómo analizar los resultados del índice global de brecha de género? ¿Por qué esta región está afectada especialmente? Dos razones pueden ser puestas de relieve.

Por una parte, el arraigo de la tutela masculina en las costumbres a través de la violencia simbólica. Este concepto del sociólogo francés Pierre Bourdieu se refiere a una forma de violencia no física que se expresa a través de normas sociales y que se observa en las estructuras sociales. Concretamente, las mujeres de esta región sufren de violencia simbólica en la medida en que sus papeles están determinados por el simple hecho de haber nacido mujer. Como la tutela está establecida, los abusos son más fáciles en la medida en que la mayoría de las mujeres no tiene recursos para defenderse; el sistema permite desprotegerlas.

Por otra parte, Haba Morayef, directora de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África, denuncia una pasividad de los gobiernos. La falta de acción alimenta la tutela. Efectivamente, negar la violencia es una forma de contribuir a ella o al menos de tolerarla. En la práctica, las mujeres temen acercarse a la policía. De hecho, la policía no es una institución que las protege, sino que las amenaza. Por ejemplo, en Libia, pueden ser detenidas por “adulterio”. Recientemente, en noviembre de 2020, la abogada libia Hanan al-Barassi murió abatida tras haber criticado la corrupción de personas vinculadas a grupos armados. Por lo tanto, protestar es tomar un riesgo.

Así pues, la solución parece estructural. Es decir que la visión y el papel de la mujer en sociedad debe cambiar con el objetivo de desmantelar la tutela y por consiguiente permitir a las mujeres ejercer sus derechos universales. El desmantelamiento tiene que pasar por un cambio de las mentalidades y por un apoyo de las autoridades que “deben condenar públicamente todas las formas de violencia de género” según Haba Morayef. Algunos ejemplos de avances legislativos e institucionales en relación con los derechos de las mujeres nos permiten encontrar esperanza. Por ejemplo, en Arabia Saudí se ha revocado la prohibición de conducir para las mujeres; Túnez ha llevado a cabo un mecanismo de denuncia para sobrevivientes de violencia de género en al ámbito familiar. En cambio, pese a los pequeños avances, no es una batalla ganada en la medida en que, como se ha mostrado antes, no todas las mujeres pueden ejercer sus derechos.

    Las autoridades tienen que penalizar los crímenes con apoyo de la comunidad internacional, luchar para que se implante la declaración universal de los derechos humanos. Para reaccionar al caso afgano, un manifiesto feminista fue impulsado por mujeres de todo el mundo y fue suscrito por 30 mil personas en menos de 24 horas. Pero hay que ir más allá de la indignación para lograr que las mujeres de la región puedan ejercer completamente sus derechos.