Raimundo Martín Luengo, el alquimista en el estudio

El músico nos recuerda su larga trayectoria en el estudio salmantino donde sigue reuniendo el talento de intérpretes y compositores

Rai junto al río Tormes, muy cerca del estudio de grabación | Fotos: Carmen Borrego

Rodeado de instrumentos musicales, bailarín de todas las notas, atento al sonido de las esferas y al ritmo de los tiempos. En el estudio, Rai trabaja en la armonía de su fecundo pensamiento mientras a su lado se suceden los discos, las formaciones, tocan los músicos de su larga historia y se acumulan los proyectos. En él caben todos los ecos. En él suenan todas las notas.

Charo Alonso: Rai, tu trabajo diverso siempre… ¿Qué es Unidad Astronómica?

Rai Martín Luengo: Unidad Astronómica es una productora que comparto con Juan Figueroa, Pilar Dorado y Carlos Ferragut. A mí me gusta, si puedo, trabajar en varias cosas. Usando una frase de mi socio, Juan Figueroa, “nos tenemos que poner el mono porque somos obreros de la canción”. Siervos de la obra, de ese algo que estás buscando y no sabes muy bien qué. Ahí estás, trabajas y aprendes en los procesos a tomar decisiones rápidas, a dar forma a lo que la obra te sugiere. Estos diez años en el estudio he aprendido a conseguir que algo suene dignamente y con criterio. 

Fernando Sánchez Gómez: Si tú eres un obrero, ¿qué somos nosotros? Rai, en una entrevista dijiste que no te considerabas músico… 

R.M.L.: Sí, porque no compongo con partituras. Tampoco me considero guitarrista, me valgo del instrumento. Quizás lo que sí me considere es cantante y de ahí mi interés por el tema vocal.

Ch.A.: Participas en el colectivo Sumarua, firmas con el nombre de Rai Anciola, ¿en qué se diferencia?

R.M.L.: En Sumarua me llamo Raimundo M.L., aporto mi experiencia y trabajo no solo para mis temas, sino también para llevar a buen puerto canciones de Sabrina Tomei, Ras Neftalí y, quizás en un futuro, más personas que sumen valores y buenos contenidos. Rai Anciola es un seudónimo que estoy utilizando para dar a conocer otras canciones más personales. Cuento con ellos y con músicos de mi anterior banda Salaman Rai, amigos desde hace años: Cote Campusano, Max Echevarría, Raúl B. Martín, Partick Umoh Babeko… 

Ch.A.: ¿Anciola es tu tercer apellido?

R.M.L.: Anciola es un apellido que mi abuela no pudo reconocer porque eran otros tiempos y no podías decir que tu padre no es el marido de tu madre y yo lo reivindico. Es una historia de amor.

Ch.A.: Y tú, historia de la música: pop en ‘La Movida salmantina’, en ‘La Movida madrileña’, pionero de ‘Las músicas del mundo’…

R.M.L: He pasado por todo, son muchos años. En los 80 se oía música anglosajona; yo viví en Madrid años más tarde de La Movida, y allí conocí a Patrick y a otros músicos africanos. Por cierto, hace 25 años no se veía a muchas personas de raza negra. Formé el grupo Belaluz, en el que además de Patrick estaban Federico Lechner, Jairo Zavala (hoy más conocido como De Pedro) Mikea y Chus Herrera. Toqué con músicos latinos y aprendí mucho, sobre todo viviendo y tocando con un músico de Guinea Bissau que se llamaba Bidinte. Murió dejando un enorme legado musical, su hija Alana Sïnkey es una artista con una proyección fulgurante. Con Bidinte descubrí instrumentos como la percusión de agua, la kora, y me empezaron a gustar los ritmos de África, de Brasil.

Carmen Borrego: Evolucionas escuchando a todo tipo de gente.

R.M.L.: Gente con otra mentalidad, otras culturas. Yo quería no estancarme. Lo peor que le puede pasar a un artista es tener éxito con lo primero que hace. El público va evolucionando; de joven pides guitarras, heavy metal, y luego otras cosas. Hay mucha gente encasillada en hacer música para gente joven, pero yo siempre he querido huir de hacer algo para alguien. Cuando tuve la primera entrevista con Hispavox, a la que fui sin una maqueta, me plantearon: “¿Quieres hacer tú tus canciones o que te las hagan otros?” Y a los 19 años decidí que quería mis canciones. Dijeron, ahí tenéis los instrumentos de Nacha Pop, se los pedimos prestados, ensayáis y grabáis en una semana. Juan Verdera –su hermana Teresa estudiaba canto lírico, por ella compuse ‘Cantante de ópera’– y yo grabamos esa maqueta con mi amigo Alberto G.L. Casero a la batería y nos dimos a conocer como UA cuando radiaron los temas Diego Manrique en Onda España y en Radio Tres, Jesús Ordovás y Julio Ruiz. 

Ch.A.: ¿Hubieras deseado seguir en aquel engranaje?

R.M.L.: Te decía antes, si tienes éxito con lo primero que haces, te ves en la obligación de repetirlo. Me fui de Madrid y tengo esa imagen de ver desde la ventanilla del autobús los carteles donde se anunciaba UA para el concierto de homenaje a Canito, un batería que murió en un accidente. Estábamos anunciados, pero UA no existía como tal. Me fui a Barcelona para hacer música con un grupo que conocí cuando tocaron en el Rokola, KLAMMM, con Leo Marió, con los que grabé ‘Eis Anta’ para el sello UMYU de Víctor Nubla. Volví a Salamanca a operarme una lesión y fundé Bit 32 con Víctor Reyes y Peyo Cuadrado, luego estuve en Valladolid y volví a Madrid para preparar con Mario Gil, teclista de La Mode, May Oporto y Agustín Villafáñez el vinilo ‘España es un planeta’.

F.S.G.: Es un disco magnífico. Rai, has afirmado que La Movida no fue tanto cosa de los músicos, sino de los medios…

R.M.L.: La Movida, salvo algo puntual en Galicia, era de gente que vivía en Madrid. Salíamos de la dictadura y de los cantautores, que todo era cantautores, y se necesitaba libertad creativa aunque no supieras música, pero pienso que el éxito no fue tanto de los músicos, sino de los medios. Hicieron bien porque había personas con criterio que apostaron por ellos, como Ordovás, Manrique, José Miguel López, gente a la que ahora han apartado porque no interesan. Los medios de comunicación entonces eran libres y no dependían de grandes intereses para que se escuchase algo.


Ch.A.: ¿Echas de menos esa época?

R.M.L.: Para nada, lo que nos enseña la música es el aquí y el ahora, lo que estás trabajando, el presente. Si te pones a pensar en otra cosa, la canción no sale. De ahí que sea un buen ejercicio para la educación, como las artes plásticas, la filosofía, lo que está desapareciendo. Si acaso, echo de menos esa comunicación…

C.B.: ¿Y extrañas lo analógico?

R.M.L.: Vivo rodeado de aparatos digitales y analógicos, como este, un previo de válvulas que le da viveza y armónicos a cualquier voz o instrumento que grabe. Ahora uno, en su casa, con una tarjeta de sonido y un micro mínimamente decente, puede hacer grabaciones como hice yo durante diez años en la mía. Pero cuando llega el momento de usar una batería y saber que tienes que ponerle varios micros y que tienen que sonar de determinada manera… Hace falta el estudio y te das cuenta de lo poco que sabes y de que tienes que aprender de los que saben algo más.

Ch.A.: ¿De dónde salen esas letras tuyas tan místicas?

R.M.L.: La primera letra “mística” me la trajo una amiga diciendo que me pegaba mucho, era un poema sufí. Yo al principio pensé que esos poemas llevaban unos mensajes muy fuertes para una canción, y en cambio, de ahí surgió una de mis favoritas: ‘Poema reggae sufí’. La última vez que fui a ofrecerle canciones a una compañía me dijeron que la música estaba muy bien, pero que las letras eran muy intimistas. Pensé “O creo mi propia productora o está claro que no puedo hacer nada”. Utilizo cosas de poetas que considero magistrales porque pienso que para qué voy a hacer yo mis letras con poetas como Colinas, Tristan Corbière, Pessoa, Whalt Whitman, Adriana Aneli… 

F.S.G.: Que las tuyas no son las letras de “mi chica me ha dejado…” 

R.M.L.: Las compañías ya estaban viéndolas venir, hemos pasado de los CD a las plataformas. Yo este disco ‘España es un planeta’ no lo he puesto en Spotify, pero está, entonces me dije “vamos a empezar a subir cosas que considero que tengan calidad porque con el equipo que vamos haciendo y siendo podemos ir sacando canciones cada dos meses” y así lo estamos haciendo.

F.S.G.: Me vas a perdonar la tontería, pero con el grupo Gayatri y el disco ‘Ananta’ habéis hecho un “top mantra”.

R.M.L.: Son mantras occidentalizados, sabiendo que no íbamos a competir con los músicos de India o de Nepal. Ese fue el primer CD que sacamos en Unidad Astronómica, la productora con la que llevamos filmados tres largometrajes. En él participaron músicos de Salaman Rai,  y lo ideé junto a Montse Ruano y Uma Bañuelos.

Ch.A.: ¿Cómo es tu trabajo en este mundo de los cortos, el cine?

R.M.L.: Nos gusta llamarlo “diseño sonoro”. Si la imagen no es sierva de un diálogo y es autónoma te invita a experimentar con ambientes donde el sonido es un personaje más. Volvemos a lo de ser obreros de las artes. Es un mundo fascinante y a mí siempre me ha gustado experimentar.

Ch.A.: Nunca te has adocenado, siempre buscas algo más.

R.M.L.: Cuando te preguntan ¿qué música escuchas? De todo, pero no todo. Con una trayectoria tan larga es así. La gente con experiencia se vuelve a interesar por otro tipo de música aunque los que más trabajan y ganan ahora son los DJ. 

C. B.: Son los únicos que ganan algo.

R.M.L.: Todo ha ido en detrimento de la música y de los músicos, de las artes en general. En Inglaterra, si un pub programa música en directo, se le dan ayudas, se le apoya. Aquí al revés, y se podría empezar ahí para crear un caldo de cultivo para grupos nuevos, porque músicos buenos hay, y muchísimos. Es cierto que encontramos jams, porque a los sitios les sale más barato que contratar a un grupo, pero así no se crean grupos, se tocan versiones aunque hay alguna, como la de Cote Campusano, que es insólita, nadie sabe lo que va a pasar y eso sí que tiene mérito. Pero tocar así, en jam session se queda en interpretar, no en hacer algo original. Es increíble que se tenga en cuenta a quien hace música apropiándose de unos temas ya creados y a quien hace algo nuevo no se le considere.

Ch.A.: Trabajas en un estudio. ¿Te gusta más que actuar en directo?

R.M.L.: Ahora estoy centrado en el estudio, puedo elaborar música con tiempo, pero me gusta tocar en directo y promuevo actuaciones. En Salamanca falta una programación estable en espacios cerrados y al aire libre, en lugares que son inmejorables. En otras ciudades europeas, universitarias como la nuestra, hay conciertos todos los días y aquí nos faltan, como falta un circuito en Castilla y León que lleve la música de una ciudad a otra. Es posible gastar menos promocionando más a los grupos de aquí. Antes estaban las ganas y la posibilidad de tocar en sitios, y es así como se crean los grupos.

Ch.A.: Creo, Rai, que siempre has ido un paso por delante de todo…

R.M.L.: Siempre me interesaron las nuevas tecnologías. Trabajé en Madrid en la primera empresa de Realidad Virtual que hubo aquí en España. Traje una muestra de estas máquinas a Salamanca. ¡Estoy hablando de cuando empezó a haber internet! Me ha interesado siempre el concepto visual, todas las manifestaciones del arte, promover y buscar nuevos sonidos, de ahí el trabajo con la Casa de las Conchas que se llama Con-ciertos encuentros, algo que debemos promover y difundir desde los medios para defender lo nuestro. Somos un país de “guerras civiles”, aquí si no estás conmigo estás contra mí y no, en la vida aprendes que hay que ser humilde y ayudar y apoyar a quien puede enseñar algo. Tener una disciplina, una constancia, ponerse unos objetivos… Y siempre aprender.