“Cuando la mujer se siente vejada y humillada ya no es una relación sana, es violencia”

Hermo destaca que “desgraciadamente” cada vez se detectan más casos de maltratadores “que utilizan a los menores para hacer mayor daño a las víctimas”

La presidenta de ADAVAS Salamanca en una entrevista en sus instalaciones | Foto: A.M.

La violencia de género continúa siendo una lacra social muy presente en la sociedad. Cada año cientos de mujeres sufren de uno u otro modo este tipo de violencia, que cada vez incluye más casos de menores que sufren esta situación. Elena Hermo, Psicóloga y presidenta de ADAVAS (Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia de Género), recibe a SALAMANCArtv AL DÍA en su despacho para hablar sobre esta situación y su trabajo como psicóloga. 

¿Qué ha ocurrido con la violencia de género durante la pandemia? 

La pandemia ha tenido varios momentos difíciles, al principio fue muy complicado porque todos estábamos un poco perdidos con la situación, las mujeres no sabían en qué momento podían hacer uso de los diferentes servicios, no sabían si íbamos a estar operativas y vimos que las mujeres se quedaron en tierra de nadie porque estaban viviendo esa situación y en muchas ocasiones en casa, pasando más tiempo con el agresor. Muchas mujeres nos han dicho que pensaban que la asociación estaba cerrada y que por eso no habían venido antes. Cuando se empezó a ver que el servicio estaba operativo se comenzó a trabajar de forma más fluida y de forma telemática, una modalidad que antes se trabajaba poco. Para ellas fue importante porque tenían ese recurso a mano.

En esas semanas de confinamiento, víctima y agresor compartían espacio 24 horas al día…

Exactamente, y esa situación implica muchas más cosas. Cuando la víctima está viviendo una situación así, de violencia, sufriendo agresiones no solo físicas sino también una carga fortísima de las agresiones psicológicas, cuando estás con esa persona por obligación las 24 horas en un mismo espacio sufriendo humillaciones, vejaciones y realidades complejas son situaciones muy difíciles de abordar y que suponen más sufrimiento para la víctima. Durante la pandemia había mujeres que pensaron que no podían salir de la situación de violencia.

Las víctimas de violencia de género en muchos casos no denuncian, por miedo me imagino, ¿por qué ocurre esto?

El no interponer denuncia depende de la situación particular de cada mujer, sin embargo hay varios factores que influyen. Por un lado el miedo al agresor, pero no solo miedo a nivel físico, sino también miedo por las posibles represalias que pueda tener en otro sentido, con los hijos, tema económico, etc. Una de las cosas con la que más daño hacen los agresores continuamente es con la amenaza de que si hacen algo le quitan a los niños, o que le van a hacer la vida imposible, o que nunca las van a dejar vivir tranquilas… Lo que sufren es miedo a las represalias que puedan afectar a otras facetas de su vida, sobre todo cuando hay menores de por medio.  También hay que destacar el ámbito judicial porque es muy desconocido, el pensar en formular una denuncia y todo lo que ello implica, a lo que se va a tener que enfrentar y surgen las dudas sobre cómo se va a generar esto, si realmente voy a tener protección,  las dudas de si se van a quedar más desprotegidas  por si no se le proporcionan lo que ellas necesitan. Entran muchas dudas en juego, por eso es importante que pidan ayuda.

Después del maltrato, ¿es posible superar todas las secuelas?

Salir de una situación de violencia de género es un proceso, no es un todo o un nada, no es denunciar y de golpe encontrarse como si no hubiese pasado nada. Lo primero es pasar por un proceso, por un camino que van a tener que ir avanzando. La primera parte del proceso es muy compleja porque se junta toda la parte judicial, toda la parte económica y de organización. Eso es importante porque hay que tener unos recursos mínimos para poder organizarse y continuar. Los recursos psicológicos van destinados sobre todo a marcar bien esa organización y a que puedan mantenerse en esa situación para seguir adelante. Luego seguimos avanzando en el proceso, y vamos viendo las necesidades de cada mujer, cómo le ha afectado, en qué parte de su vida ha hecho más mella y cómo se puede ayudar psicológicamente. Se va ayudando a que superen este proceso pero lleva tiempo. 

En algún caso, ¿existe la posibilidad de que el agresor  cambie su forma de actuar?

Que un agresor ejerza violencia depende exclusivamente del agresor, en ningún caso de la víctima. Desde ADAVAS, en todos los años que llevamos trabajando, hemos coincidido con el mismo agresor en diferentes mujeres, mujeres que son muy diferentes tanto en su forma de ser como físicamente, pero el agresor ha ejercido el mismo tipo de violencia, repite el patrón. Con esto quiero decir que al final el agresor decide que es válido agredir  a la mujer con la que está, él decide en qué momento es válido y es el que decide ejercer violencia porque quiere ejercerla. La víctima poco puede hacer ahí. 

El maltrato psicológico es también una forma de violencia. ¿Qué formas suele tomar?

Cuando se está en una relación donde ese tipo de menoscabo psicológico se ha empezado a hacer de forma puntual y que va creciendo poco a poco, la percepción que la mujer puede tener le tambalea un poco, la descoloca. Es importante destacar que en ocasiones al principio no todo es daño por parte del agresor, sino que también tiene una parte más normalizada, entonces hace que la mujer se confunda. La mujer puede vivir esa relación viendo actitudes que no le gustan pero que no saben qué nombre darles. Cuando la mujer ve que ese tipo de conductas negativas están produciendo un daño importante en su persona, que se está sintiendo realmente muy dolida, dañada por ese tipo de  daño psicológico que le está revirtiendo de esta manera, en ese momento es cuando la mujer se da cuenta que se siente vejada y humillada y ya no es una relación sana, es violencia. 


En ocasiones el agresor utiliza a los niños para hacer sufrir a la madre, es conocida ya como violencia vicaria, ¿por qué este tipo de violencia está en aumento?

El agresor llega un momento que su intención es ejercer un daño importante, un control, un  poder absoluto sobre la mujer. Un poder absoluto que además va teñido del querer hacer daño porque lo que quiere es que la mujer sufra eso, un daño insoportable. En este sentido, lo que se busca siempre que quieren hacerle un daño importante a alguien lo va a hacer con lo que más le haga sufrir, y precisamente con lo que más sufren es con los hijos. Por desgracia, desde ADAVAS observamos mucho más de lo que nos gustaría la utilización de los menores en la relación, en cómo los manipulan para generar un tipo de conducta inadecuada con ellos para que la madre también se sienta mal.

Cuando se manipula al menor ¿puede influir en estos menores un cambio de conducta en lo que han vivido? ¿Cómo se puede ayudar a estos menores?
Es una cuestión muy importante y que observamos desde hace años, antes se entendía que aunque el menor viviese en una relación de violencia, al menor no le afectaba. Eso no es así. La realidad es que aunque el menor no sufra directamente la agresión física que se le produce a la mujer, a nivel emocional sí que es algo que le afecta. 

¿Estos menores pueden reproducir esta conducta de mayores?

Sí, se puede dar y lo hemos visto. Se trata de menores que han vivido ese tipo de violencia y que se identifican más con el agresor. Por eso es importante, por un lado, que se salga de la agresión porque el menor está viviendo un estilo de vida que puede llegar a normalizar, y por otro lado, a las mujeres que vienen con menores  les ofrecemos esa ayuda para generar otro tipo de perspectivas respecto a lo que es la violencia, y ver que ellos no tienen por qué reproducirla y pueden salir. 

Por otro lado, cada vez está en aumento la denominada violencia digital, especialmente en adolescentes ¿qué papel juegan las  redes sociales?
Las redes sociales y en general la facilidad que tiene el móvil para controlar, es un medio para que a los agresores les resulta muy fácil manejar a las menores con las que están en contacto a través de las redes, del whatsapp, etc. Lo utilizan como un método de control muy efectivo, porque si una chica no tiene el móvil cerca todo el rato lo tiene que tener, es un requisito indispensable para controlar y que puede llegar a hacer que una chica se aísle y se quede completamente sola. Y este es uno de los mecanismos que utilizan los agresores, el de aislar a la víctima para tenerla cada vez más cerca de su ámbito de acción. 

¿Hasta qué punto es clave la educación para erradicar la violencia de género?

Es fundamental. Lo que sigue estando ahí es lo que ha estado detrás de la violencia de género siempre, que se sigue educando en el hecho de que hay chicos que consideran que tienen ese poder y ese derecho sobre la mujer. Se sigue educando en que los chicos crean que son prevalentes y que tienen el derecho de supremacía sobre una mujer. La educación se hace en los colegios y en los institutos, pero también en casa, entonces hay que seguir trabajando mucho en este sentido. 

Hay casos de violencia de género en personas muy jóvenes, y en ocasiones en adolescentes y menores de edad, ¿qué falla en la sociedad para que esto ocurra?

Es justo eso que hablábamos, y es que está faltando la forma en la que se educa a los menores. Hay que darle más importancia a la igualdad y hay que seguir trabajando en la igualdad porque así habrá menos probabilidad de violencia. 

Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio Contra la Violencia Doméstica de Género, advierte que muchas jóvenes sufren el aislamiento por miedo no solo al agresor, sino también a sus progenitores... ¿No lo hacen por miedo o por vergüenza?

Las chicas jóvenes transmiten el miedo directo al agresor, pero también una posible estigmatización del entorno porque llegan a pensar que son “tontas” por estar en esta situación. Porque al tener información que reciben, tanto en institutos como fuera de ellos, por lo que le han contado, que no hay que aguantar ciertas situaciones, ellas lo aguantan, y eso es algo que les da vergüenza. El no saber cómo  han entrado y luego no saben cómo salir les da vergüenza por si la gente no les entiende. También tienen miedo de la reacción de la gente de su entorno o que no tengan el  apoyo que ellas esperan y necesitan. 

¿Qué mensaje les manda a esas chicas y a las mujeres que sufren esta situación?

Decirles que esa vergüenza desaparece en el momento justo que hacen lo que les da miedo: pedir ayuda. Que pidan ayuda a una persona de confianza, a padres, amigos, profesores… Yo les animo a que den ese primer paso. Que no se sientan mal por estar ahí porque no es fácil salir de una situación de violencia, pero se puede salir. No se van a quedar solas y no deben conformarse nunca a vivir con violencia.