Acompasar el pulso

Estas líneas deberían empezar más o menos así: “Salamanca y Ciudad Rodrigo recibíamos ayer la sorpresa del nombramiento de Mons. Retana como nuevo Obispo de sendas Diócesis, confirmándose así la unión definitiva de sus sedes episcopales”.  

Sin embargo, en estos tiempos que corren, ni las decisiones sobre las que antes pesaba el mayor de los silencios, y que se guardaban con celo en la intimidad, quedan ya a salvo de rumores y corrillos.

Aunque, la verdad sea dicha, siguiendo esos mismos rumores… ¡cuánto hemos ganado al haber pasado de largo algún que otro candidato! 

No tiene que haber sido fácil elegir a una persona que consiga unir y atraer a los fieles de las diócesis salmantina y civitatense, tensionadas en estos últimos tiempos por un debate que, en gran parte, es culpa del empeño de las autoridades políticas en meter las narices donde no les llama nadie.

La realidad, quizá la cruda realidad, debe hacernos ver lo insostenible e ilógico de la permanencia en el tiempo de dos diócesis, con números de fieles progresivamente mermados, con fuerzas escasas y recursos limitados. Y ante eso, no hay historia, ni tradición, ni sentimentalismos para contrapesar la balanza.

Con todo y con eso, acertadamente, el Papa Francisco ha optado por una fórmula intermedia, un primer paso: el nombramiento in persona episcopi, que en esencia mantiene intactas las estructuras y organización de ambas Diócesis, salvada la concurrencia en la misma persona de su cabeza visible.

Esto, no tengo dudas, hará que el prelado conozca bien las carreteras de nuestra provincia, y su agenda se complete con muchas celebraciones simultáneas, algunas en fiestas señaladas, para cuya atención equitativa necesitará de la luz del Espíritu.

Con este nombramiento se pone fin, en Salamanca, a un episcopado de más de dieciocho años de Mons. Carlos López. Unos años en que la Diócesis ha debido adaptarse a realidades complejas y diferentes, siendo consciente de la progresiva secularización de la sociedad, reinventando tanto su actividad pastoral como económica, y transformando un modelo de Iglesia al que aún le quedan muchos cambios pendientes (es, por desgracia, una institución lenta, demasiado lenta), pero que desde la Asamblea Diocesana ha ido incorporando, gracias a una mayor participación laical, nuevas herramientas, opiniones y tendencias, para conectar con la realidad social en que se mueve.

Y en tantos años es fácil equivocarse, un Obispo no deja de ser humano al ordenarse; igual que un político no deja de serlo al acceder a un cargo público. Pero, sobre esta premisa, revisemos en conciencia y con justicia los avances que se han hecho. 

Y es que en esto suele ocurrir algo simpático. Dicho desde el respeto: suelen opinar siempre los más ateos, los que menos conocen la Iglesia, lo que la rodea, lo que hay dentro de ella. En este análisis, que no juicio, los protagonistas deben ser los miles de laicos salmantinos que han vivido la realidad diocesana en estos años, junto a los sacerdotes, religiosos, entidades y organizaciones vinculadas a ella. Ellos son quienes deben resaltar lo bueno y advertir de lo negativo para que se corrija y no se repita.

Con la próxima toma de posesión de Mons. Retana pondremos un punto y aparte en la historia de dos Diócesis que, desde este momento, tienen el deber de dejar a un lado protagonismos e intereses particulares; de acompasar su pulso al ritmo del latir de una sola Diócesis; de remar juntos, codo con codo con su Obispo, para construir el mejor Reino en nuestra tierra.

Y también tenemos el deber de agradecer el servicio y la entrega de D. Carlos, de seguir rezando por él y pedir a Dios que le fortalezca en la salud, le consuele en el sufrimiento y le aliente en la esperanza.

En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad (San Agustín). Que Cristo, a través de su Espíritu, nos una como fieles arraigados en la fe en esta nueva etapa; nos haga libres para manifestar nuestras preocupaciones y temores; haga que nos mueva siempre la caridad para con nuestros hermanos; e ilumine el nuevo camino que emprendemos y al Pastor que orientará nuestros pasos.