Tú, Claudia

Esa especie de paráfrasis de Robert Graves es lo que muchos piensan que debió decir López Obrador cuando asumió que no podía hacer el paripé para reelegirse… Según dicen quienes le tienen mala voluntad, porque él siempre dijo que no pensaba en eso y que estaba en contra de la reelección. En fin, que no voy a ponerme pesado ni politólogo porque, la verdad, también podría haber titulado este “charro” con una palabra que vi en Twitter: Tacocracia. Y eso que me habría ahorrado.

Al presidente de México, al Peje –por el pejelagarto, un extraño ser, hay quien le dice fósil viviente, propio de Tabasco, su estado de origen, y muy usado en la gastronomía del lugar–, a López Obrador, le encanta la comida autóctona, los famosos antojitos mexicanos: tacos, tlacoyos, quesadillas, sopes, garnachas, huaraches, picaditas… Sus múltiples degustaciones, sinceras, por supuesto, le han valido no pocos memes… y una cercanía con el pueblo, que mayoritariamente –ricos y pobres, rurales y urbanos, civilizados y bárbaros– gusta de lo mismo.

Hecha la introducción explicativa, vamos con Claudia Sheinbaum, la jefa de gobierno  –antes regenta; allá alcaldesa, para que me entiendan– de la Ciudad de México  –antes DF y más antes, Tenochtitlan [o Tenochtitlán]–, sucesora in pectore de don Andrés Manuel –político al que le encanta decir que su péctore no es bodega, por cierto–; la jefa de gobierno salió en estos días que fueron de asueto en este país comiéndose un taco y recomendando al puestero…

Pobre… Volvió a resbalar; su jefe y recomendador sale comiendo en lugares establecidos… o que no se reconocen, o sea, sale comiendo y ya… Pero doña Claudia saca su video echándose un taco –no me convenció del todo su técnica, la verdad, y aquí lo de “cómo agarras el taco” se tiene muy en cuenta– y, como les decía, alabando a su suministrador ­­ –dealer se puede malinterpretar– y recomendándolo como visita casi obligada si vamos al Zócalo.

Claro, si eres la jefa de gobierno de una ciudad donde se clausuran negocios y restaurantes muchas veces por el arbitrio de quien inspecciona, de una ciudad donde es raro no haberse intoxicado alguna vez por comer en la calle porque las garantías sanitarias dependen únicamente de la buena voluntad de cocineros/as, pues, la verdad, como que no está del todo bien. Lo digo sin acritud.

El postureo, como ven, impera en todas partes…  Y cuidado porque puede no dejarla bien, señora… A lo mejor, hasta le termina afectando al jefe, que se prende fácil (o sea, que es de mecha corta, o sea, que se enfada rápido).

Pero quién soy yo para andar diciendo esto, si estoy a dieta y casi ni como chile.

 

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