Día de la infancia

El 20 de Noviembre  Naciones Unidas celebra el día de los derechos del niño y la niña, la ONU los aprobó en 1959.

Nosotros lo celebraremos esta semana con nuestros chicos y con veinte niños y niñas de Marruecos de las zonas más pobres donde recuperamos escuelas y casas en el verano en la provincia de Sidi Ifni.

El viernes diecinueve haremos un día de puertas abiertas donde mostraremos con nuestros chicos cómo trabajamos y a las 13:00 desde la escuela de teatro y circo harán una obra dónde cuentan su vida.

Estos niños marroquíes convivirán con los nuestros acompañándolos en sus clases y en sus talleres. Organización de formación profesional y animación juvenil que intentarán reproducir en Marruecos desde sus asociaciones.

El veinticinco y veintiséis, jueves y viernes,  la cátedra Calasanz de la Universidad Pontificia también la dedica al cincuenta aniversario de la Casa Escuela Santiago Uno.

En muchos sitios hablamos de derechos de los niños y de los pobres. El domingo catorce me han invitado a contar la Fundación Mil Caminos en tres minutos en la catedral.

Los niños abandonados por los padres y la escuela, los inmigrantes que huyen de gobiernos corruptos para poder dar de comer a sus hijos. Esas personas con las que convivimos, expulsadas por leyes educativas y leyes de extranjería.

Personas de la exclusión social levantaron  catedrales sacrificando muchas vidas.   Nuestros niños y niñas estudian y trabajan como el ruiseñor cuando están en confianza.

Los sueños de los niños de Santiago Uno  son la realidad de sus educadores , y los sueños de estos niños de Marruecos son la realidad de los niños y niñas de Santiago Uno, excepto en lo que a veces se refiere al cariño de la familia.

Pueden ser pobres en lo material, pero el apego de sus familias parece más auténtico.

Esta semana en la que la diócesis ha querido visibilizar las obras sociales al servicio de los más desfavorecidos se ha vuelto demostrar que se atrae poca gente joven.

El propio acto de la catedral fue muy largo y hay muchas incoherencias entre las palabras y el día a día de los que hablamos.

Cuando saturamos con palabras y buenas intenciones  sin un compromiso que implique renuncia a privilegios perdemos credibilidad.