Utilización del drama humano para la guerra híbrida

El uso del drama humano para armar conflicto, o para arreglarlos una vez provocados, viene de lejos. La historia está llena de ejemplos, pero llama la atención con qué facilidad, en los últimos tiempos, se recurre a la emigración para poner de manifiesto crisis políticas o conflictos de intereses, entre países vecinos o regiones, como es el caso de Polonia y Bielorrusia en estos momentos.

Se estima que, desde agosto, ha habido más de 30.000 intentos de cruzar la frontera, aunque algunos sean repetidos. Más de la mitad han sido en el último mes. Con esta tendencia, cabe pensar que la crisis persistirá durante un tiempo. 

Ambas repúblicas (Bielorrusia y Polonia) establecieron relaciones diplomáticas el 2 de marzo de 1992. Los dos países comparten frontera y tienen una larga historia en común. Ambos formaron parte de la Mancomunidad de Polonia-Lituania (1569-1660) y del Imperio ruso (1721-1917). Se incorporaron a la ONU en octubre de 1945. Sus relaciones culturales son relativamente cordiales, no tanto sus relaciones diplomáticas, que se han tensado mucho últimamente. Polonia forma parte de la Unión Europea (UE) y de la OTAN, manteniendo una política exterior pro estadounidense, mientras que Bielorrusia está en la órbita rusa con su tradicional postura. Consecuentemente, hasta las fronteras invisibles están marcadas y los intereses geopolíticos también.

Tras las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia, se produjeron numerosas protestas, tanto internas como externas, cuestionando su legitimidad. Polonia, muy activa en esas protestas, acogió a la candidata opositora Svetlana Tijanóvskaya, dio refugio y apoyo a la oposición y prometió aportar 11 millones de euros a la sociedad civil y a los medios independientes bielorrusos, lo que irritó al presidente Alexander Lukashenko y a los suyos. El cóctel molotov estaba servido y se inició la escalada de golpes contra golpes.

La Unión Europea, junto con otros países occidentales, aplicaron sanciones a Bielorrusia por la represión ejercida, las autoridades de bielorrusas forzaron, en mayo de 2021, el aterrizaje de un avión comercial en que viajaba el periodista y opositor Román Protasévich para detenerlo, nuevas protestas y sanciones de la UE. El gobierno de Lukashenko comenzó a promover y facilitar el tránsito de migrantes procedentes de Irak, Afganistán y Siria hacia las fronteras con Polonia, Letonia y Lituania, favoreciendo así su entrada irregular a la Unión Europea. El reforzamiento de las fronteras para frenar el flujo migratorio, mantiene a miles de migrantes atrapados en las áreas fronterizas.

La acción de Bielorrusia fue calificada de «guerra híbrida», una combinación de medios convencionales y no convencionales, utilizados en una situación de conflicto. El flujo migratorio creado deliberadamente por Lukashenko, para mantenerse en el poder y violar las fronteras europeas, es una evidencia de que en el actual escenario geoestratégico todo es susceptible de ser empleado como arma, aunque ello suponga jugar con los sentimientos y la desesperación de personas que huyen de su país, por supervivencia o para buscar un futuro mejor. ¡Qué crueldad!.

No se puede tolerar la instrumentalización de los migrantes con objetivos políticos. Ni tampoco las amenazas de Lukashenko de cortar el suministro de gas ruso a Europa, a las puertas de un frio invierno, si aquella incrementa las sanciones, cerrando el gaseoducto que pasa por territorio bielorruso. La estabilidad y la seguridad de la Unión Europea están amenazadas.

Esperemos que la presión migratoria en la frontera no desencadene una escalada de violencia. Alrededor de 4.000 migrantes acampan abandonados a su suerte, a la intemperie, con temperaturas bajo cero, pasando la noche alrededor de hogueras. Lo que están haciendo con esta gente es inhumano, hambre y muerte.

Es inaceptable esta táctica híbrida por Bielorrusia de utilización de migrantes para desestabilizar al Gobierno polaco. Como también es inaceptable y preocupante que la grave situación humanitaria creada por esta acción y la violación de la frontera oriental de la UE que conlleva, sea respaldada sin cortapisas por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Rusia culpa a la UE de provocar este problema con la imagen de bienestar que proyecta al exterior y sus acciones. El chantaje bielorruso también le está sirviendo a Moscú para azuzar enfrentamientos dentro de la Unión Europea, comparando las ayudas de esta a Italia con las de Polonia y hasta apuntando, se entiende que, con ironía, que la UE pague a Bielorrusia por quedarse con los migrantes que esta ha traído en avión a Europa, por medio de la red de tráfico de personas que ha creado al efecto, engañándolas con un “paquete turístico”, vendido por agencias, que incluye hotel, visado y traslado a la frontera, por el que cobran 3.000 dólares.

La Unión Europea reaccionará al “ataque híbrido, brutal, violento e indigno” de Bielorrusia, ha asegurado el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. Esto puede parecer una crisis migratoria, pero no lo es. Es una crisis política provocada con el objetivo deliberado de desestabilizar la UE, al facilitar la llegada de miles de migrantes a los que utiliza como escudo humano, para vengarse del apoyo europeo dado a las fuerzas democráticas bielorrusas ante el dictador.

Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los derechos humanos ha manifestado que “Cientos de hombres, mujeres y niños no deben ser obligados a pasar una noche más en un clima glacial sin refugio, alimento, agua y cuidados médicos adecuados” y exhorta a “los Estados concernidos a tomar medidas inmediatas, para desactivar y resolver esta situación intolerable, conforme a las obligaciones que tienen en virtud del derecho internacional, de los derechos humanos y de los derechos de los refugiados”.

El mundo ha cambiado, ha pasado de la guerra fría a una paz caliente en la que las agresiones manifiestas han mutado hacia otras formas de hacer la guerra, más soterrada, pero de efectos potencialmente letales para los sistemas democráticos. La Unión Europea, por su vocación de apertura, multilateralismo y estado de bienestar, se ha convertido en una víctima, especialmente propicia para aquellos regímenes autoritarios que optan por saltarse las normas internacionales.

Josep Borrell, el alto representante de Política Exterior de la UE, ha presentado en la Comisión Europea el borrador de la llamada “Brújula estratégica”, un documento que sentará las bases de la nueva política exterior y de defensa de la UE. En ese documento se apunta con claridad que las agresiones como la de Lukashenko serán más frecuentes y llegarán por diversos frentes: la presión migratoria, el ciberespacio y la desinformación, sin excluir otros. Por ahora y según Borrell, la UE no está preparada para hacer frente con eficacia a esas amenazas. Confiemos en que esa nueva política exterior venga a prepararla.

Les dejo con Marta López y TIERRA, TAN SÓLO

                                                                                                     Aguadero@acta.es