Unamuno como talismán

En pocas ocasiones se habrá producido una simbiosis tan entrañada entre un escritor u una ciudad como la que define la de Miguel de Unamuno con Salamanca. Tal vinculación ha hecho que notables salmantinos hayan indagado, acaso como prueba de gratitud hacia el uno y la otra, en diversos aspectos del existir y del quehacer unamunianos.

Uno de ellos es el narrador –que fuera precoz crítico de cine y uno de los muñidores de aquellas ya ‘míticas’ y salmantinas “Primeras conversaciones sobre cine español”, en 1955– Luciano G. Egido (Salamanca, 1928), quien dedicó a la figura de Unamuno varios lúcidos ensayos, como los titulados ‘Salamanca, la gran metáfora de Unamuno’ (1983) o ‘Agonizar en Salamanca: Unamuno’ (1986).

Y otro –y sobre su tarea quisiéramos hoy escribir, sobre todo– es Pollux Hernúñez, un “salmantino de cuna”, como él mismo indica, pero con derivas internacionales australianas y belgas, y con una formación universitaria en filología latina, obtenida en Canberra y en París (es doctor en la materia indicada nada menos que por la Sorbona).

Pollux Hernúñez es también un estudioso y apasionado de Unamuno –pues, como bien sabemos, no hay conocimiento sin amor–, a cuya vida y obra ha dedicado no pocos años de su vida, pero con extraordinarios resultados, como nos lo indican sus distintos libros sobre el escritor vasco-salmantino.

Entre tales publicaciones, habríamos de destacar la edición de unos apuntes inéditos de un viaje unamuniano por tierras europeas de Francia, Italia y Suiza; así como un epistolario, con no pocas cartas inéditas, entre Unamuno y los hermanos Machado.

En la presente publicación –‘Vencer no es convencer: la última lección de Unamuno’ (Oportet Editores, Madrid, 2021)–, una importante novedad sobre un mal conocido, pese a su muy dilatada difusión, episodio en el final de la vida de Unamuno, ya en plena guerra civil española, celebrado en el paraninfo de la universidad salmantina el 12 de octubre de 1936, cuando Salamanca es “la capital política de la zona rebelde”.

Ese aserto de vencer no es convencer, que, puesto en boca de Unamuno en aquel acto, se ha convertido en un axioma de incuestionable sabiduría, se ha convertido, sí, en la última lección del maestro, puesto que aquel acto supuso su última aparición pública.

Lo llamativo del libro de Pollux Hernúñez es su minuciosidad, que comienza por la documentación que acopia para escribir sobre el asunto y que se despliega a lo largo de todas las páginas del libro. Es una investigación en toda regla. Pero no es árida ni meramente arqueológica. Nuestro ensayista e investigador nos hace ver cómo aquel acto sigue vibrando en la historia de nuestro país.

Miguel de Unamuno, afortunadamente, no es arqueología. Paradójico y contradictorio, siempre busca la médula del ser humano y la médula de nuestro país y de lo que somos, para desvelarnos y revelarnos.

Por ahí va la labor investigadora de Pollux Hernúñez en torno de Unamuno. Un Unamuno que sigue siendo talismán para todos, como también captara Alejandro Amenábar, en su muy estimable película –que es, también, un implícito homenaje a Salamanca– ‘Mientras dure la guerra’. Un talismán frente a intransigencias y exclusivismos, frente a dogmatismos y arrogancias.

Porque nunca vencer es convencer. Lean esta excelente indagación, salmantina y unamuniana, de Pollux Hernúñez.