Las Arribes al día

I Marcha Cicloturista Arribes-Abadengo en Barruecopardo, desde dentro

“Salimos un pelotón de 115 ciclistas, repartidos en dos grupos que salieron con un intervalo de cinco minutos, mayores de cincuenta años, por un lado, y menores, por el otro”

Subida del puerto del Salto de Saucelle / FOTOS: ANDRÉS MEDINA DEL ARCO

Gran día de ciclismo el que vivimos el domingo 7 noviembre. Amaneció una mañana fría, pero no nos quitó las ganas a ninguno de los casi 120 participantes de la prueba que salimos de Barruecopardo, entre ellos todos los aficionados al ciclismo de los pueblos del Abadengo, los del Club de Villavieja de Yeltes y los locales.

El recorrido presentaba las subidas a La Molinera, por la cara sur, y la de Saucelle por su parte dura, desde el Salto, para luego llegar de nuevo a Barruecopardo, cruzando el laberinto montañoso de las Arribes.

Tras dividirnos en dos grupos en la salida, el ritmo fue muy alto, a una velocidad endiablada en el tramo llano hasta Saucelle, donde el viento era favorable y ayudó a ir más rápido. Con las piernas calientes ya en el repecho de Saucelle, las motos se apartaron y comenzamos la bajada hacia el puente de La Molinera, puerto que es avistado entero desde el aéreo Mirador de las Janas, que da una majestuosa vista de toda la zona.

El pelotón se cortó mucho bajo la atenta mirada de los buitres, siempre sobrevolando la zona. Tras el paso por el puente, desde el que das vista al singular paraje en el que estamos, inmensas laderas y empinadas arribes, comenzó la subida a Lumbrales, sin mucha dureza. Al principio de la subida nos encontramos el Cachón del Camaces, al que el no tener agua no le quita ser un paisaje espectacular.

Poco a poco van desapareciendo las vegetaciones típicas de las Arribes para dar paso a terrenos menos abruptos, conforme la subida también se va suavizando y encontramos descansos para recuperar las piernas después de la primera ascensión del día. En uno de ellos se encuentra la silueta de la espadaña de la torre de San Leonardo, escondida tras los robles y los fresnos.

Una vez finalizada la subida, tuvimos un reagrupamiento general de todos los participantes en Lumbrales, desde donde fuimos a Hinojosa todos agrupados, de nuevo a un ritmo altísimo en los tramos llanos. Tras un abundante avituallamiento salimos de nuevo, ahora en dirección hacia la faraónica construcción de la presa de Saucelle. En esta ocasión la bajada fue más rápida, la carretera es más ancha y con mejor firme.

Tras llegar desperdigados a la zona de Aldeaduero comenzamos a subir las eternas rampas del puerto de Saucelle, en el que comenzamos a coger altura rápidamente y a dar vista a las trabajadas Arribes portuguesas, repletas de viñedos que van perdiendo sus hojas, y al río Duero. Después de retorcernos en las curvas, en las que la carretera se enrosca como un sacacorchos, el puerto se va haciendo más llevadero y finalmente llegamos a la cima. Todavía quedan los casi 10 kilómetros finales, que se hacen muy duros, siempre con el aire de cara y en ligera subida. Y cruzada la meta, nos tenían preparada una paella a todos los participantes, en la que intercambiamos impresiones de la carrera y repusimos fuerzas.

Texto y fotos: Andrés García del Arco