“¡Véala quién pueda!” o cómo ver románico en Salamanca es un tema delicado

Si bajas por el Paseo de Canalejas, te acabarás topando con una pequeña plazoleta. Austera, rápida de ver, en un pestañeo si me apuras. Una pareja esperanzada y melancólica deciden hacer un alto en el camino para mirar al cielo. Tan serenos, tan perfectos, emergiendo de lo compacto y robusto, abrazados en el ayer, el hoy y el mañana. Fíjate que esta plaza tiene unas escaleras tímidas y urbanas que parecieran querer llevarte a otro lugar. Desciende por ellas, pues esconden otra plaza. Observa que de esta plaza emerge de las baldosas y de los pastos una enorme construcción austera y dorada, como la ciudad donde nació. Probablemente sea un espejismo, dirás, y responderé con una mirada cómplice. Habrás llegado a la Plaza de San Cristóbal y estarás observando la iglesia homónima.

Te recibirá su ábside y deberás mirar hacia arriba, fortalecer tus cervicales será imprescindible para no perderte ningún detalle. La magia del románico deberá hacer el resto. Allí arriba hay unas curiosas cabezas que mirarán cada uno de tus pasos y sabrán que guardas un secreto. Algunas se girarán para contárselo a la temible águila bicéfala, otras decidirán callar. Al fin y al cabo, son de piedra y la piedra suele callar hasta que se vuelve polvo y decide marchar con el viento. Estas cabezas presas en sus canecillos también te ofrecerán entrar a la iglesia, para encontrar en ella un refugio del frío que ha sido tu compañero en todo el trayecto. Y así seguirás mirando sus ojos almendrados hasta que te topes con una reja. Se acabó el trayecto, porque deberás quedarte con el frío mirando al candado y pensando en la mala suerte que has vuelto a tener. El espejismo desaparece.

Allá por el 30 de julio, hablé sobre la iniciativa #PorUnRománicoAbierto y lo complicado que se hace ver iglesias románicas en Castilla y León. Para particularizar el problema, tomé como ejemplo dos iglesias: San Cristóbal y San Juan de Barbalos. Hace unos días, salió en El País un artículo interesantísimo en la sección de Cultura que hablaba de esto mismo y, casi simultáneamente, se publicó el programa de “Las llaves de la ciudad” (una fantástica propuesta cultural en la que puedes visitar de manera gratuita distintos monumentos de la ciudad y asistir a otras actividades). Yo me he beneficiado varias veces de este programa para conocer la Salamanca que no ves por fuera y siempre he salido muy satisfecho. El programa actual es bastante prometedor con visitas teatralizadas, conciertos e incluso scape rooms. Pero lo que a mí más me llamaba la atención era la incorporación de la Iglesia de San Cristóbal. La cara de payaso que se me quedó al ver los horarios la podría haber pintado perfectamente el mirobrigense Celso Lagar. “Viernes de 11:00 a 13:00h”. Con Sancti-Spíritus pasa lo mismo, pero los jueves (aunque Sancti-Spíritus ya pudo ser visitada con un horario mucho mejor en verano). Y pienso “bueno, pues voy en vacaciones o en un puente” y el programa se prolonga desde el 30 de octubre hasta el 19 de diciembre. Por si todavía no se me ha entendido, yo soy un estudiante que está seis horas en el instituto de lunes a viernes y justo el programa coincide con mi época de exámenes y acaba cuando por fin tengo vacaciones. Evidentemente, no me voy a saltar las clases para ir a ver una iglesia, porque yo soy un soñador, pero también realista. Si echamos cuentas, la iglesia va a estar abierta unas 14 horas repartidas en 7 días, de las cuales no puede estar presente ningún estudiante. Ojo, que yo este año estoy estudiando Historia del Arte y ver el patrimonio artístico me viene de perlas.

¿Se trata esto de una discriminación a los jóvenes? Pues podría victimizarme y afirmarlo rotundamente. ¿Estaría equivocado? En parte sí y en parte no. “Las llaves de la ciudad” ofrece actividades para todos los públicos y horarios generalmente amplios. Ciertos monumentos compensan sus horarios de día con horas por la tarde. Pero con         San Cristóbal esto no pasa, y eso que es un BIC. Evidentemente desconozco cuáles habrán sido los criterios para que esto sea así, pero visto desde el exterior parece una clara discriminación al público joven. Los “adultos” se llenan la boca hablando de la importancia de crear una juventud comprometida y, sobre todo, culta. En el momento en que un joven comete un error, se mete en el mismo saco a toda la juventud (véase la mal llamada “ola joven” pandémica). Y cuando la juventud se quiere acercar a la cultura se encuentra con un portazo en las narices. Quizás se han tenido en cuenta tópicos como “los jóvenes solo se interesan por los móviles” o mi favorito: “los jóvenes ya no tienen cultura”. Que no se me malentienda, me alegro muchísimo de que tengamos propuestas culturales, porque Salamanca es rica en ello y hacen falta estas iniciativas, pero a San Cristóbal véala quién pueda, porque yo no. Me reafirmo, Cristina Párbole tiene razón con la reivindicación #PorUnRománicoAbierto.

Por supuesto, agradecer a todas las personas que hacen todo lo posible por enseñar como es debido nuestro patrimonio, ellos ya tienen el cielo ganado.