Miércoles, 28 de octubre de 2020

No todo fue Pablo Iglesias: Antonio García Quejido, el padre olvidado del marxismo español

Nuria Corral Sánchez / EL TROVADOR

Además de Pablo Iglesias, hubo otra sobresaliente figura en la fundación del PSOE: Antonio García Quejido. Sepultado muchas veces en el olvido dentro de los círculos socialistas quizá por su mala relación con Iglesias.

La relevancia tanto de García Quejido como de ‘La Nueva Era’, proyectada por él mismo, reside –aunque el intento fracasara– en su deseo de divulgar con rigor teórico el pensamiento marxista, pues colaboró en el desarrollo del socialismo español cuyos fundamentos ideológicos estaban cambiando. Aunque su primer intento de proyectar una publicación periódica fue en 1892, cuando decidió lanzar La Nueva Era, su propósito sólo pudo materializarse a partir en 1901, cuando durante un año y medio su estabilidad personal le permitió mantener la publicación de la revista, que finalmente acabaría en el fracaso.

Antonio García Quejido: de menchevique a bolchevique

La personalidad y la biografía de García Quejido pueden ser estudiadas con precisión gracias a los escritos de Juan José Morato. Pertenecía al grupo de los tipógrafos, profesión característica de los primeros socialistas españoles, puesto que se trataba del grupo más culto de los obreros. Con veintitrés años fundó junto a otros, el Partido Socialista en condición de secretario del mismo, aunque también fue secretario de la Asociación General del Arte de Imprimir, así como de la Federación Tipográfica desde 1884. Por otra parte, García Quejido también participó en la fundación de UGT con la intención de crear una organización que incluyera a las sociedades de resistencia contrarias al capital.  Durante todo este tiempo y como presidente de UGT, supo mantener una posición moderada con respecto a la lucha obrera, por contraposición a las huelgas anarquistas, como demostró en la primera celebración del Día Internacional del Trabajo en la Barcelona de 1890. Sin embargo, esta actitud cambiaría con su acercamiento a la Tercera Internacional.  En los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX había seguido ocupando cargos de alta relevancia en el Partido Socialista y en la UGT, pero también cabe destacar su labor como presidente de la Asociación General del Arte de Imprimir, para la cual no sólo creó una ‘Escuela de aprendices’, sino que también presentó y publicitó un proyecto de Estatutos con la novedad de incluir un fondo para ayudas sociales de sus asociados. Más tarde, García Quejido volvería a plantear esta innovación de Estatutos, en este caso para la Federación Tipográfica, que también presidió. A principios del nuevo siglo tuvo una colaboración destacada en el Partido Socialista, donde llegó a ocupar, entre otros cargos, el de concejal del Ayuntamiento, lo que le permitió participar activamente en la vida de Madrid. 

De acuerdo con algunos testimonios, como el de Egocheaga y el de Maurín, no parece que su relación con el padre del PSOE, Pablo Iglesias, fuera demasiado buena, por lo que García Quejido quedó al margen de cualquier cargo relevante dentro del Partido Socialista hasta 1920, fecha en la que fue elegido vicepresidente. No obstante, un año después participó activamente junto con antiguos compañeros de partido –como Anguiano o Núñez de Arenas– en la formación del Partido Comunista Obrero Español, escindido del Partido Socialista debido a las divergencias ideológicas en cuanto a la posición a tomar ante los resultados de la Tercera Internacional. Su último cargo político relevante fue el de secretario general del Partido Comunista de España, fruto de la fusión en 1922 del Partido Comunista Español y del Partido Comunista Obrero Español, surgidos ambos a partir del PSOE por sus deseos de adherirse a la Internacional Comunista.

Hasta su muerte, su participación en medios como La Internacional o La Antorcha, y su artículo ‘Mi nueva profesión de fe’ pusieron de manifiesto su radicalización ideológica, así como su mayor distanciamiento del PSOE y de la UGT, viendo al primero cada vez más alejado en la práctica de sus ideales teóricos por su carácter más reformista y menos revolucionario. La Revolución Rusa había dejado en él una profunda huella y llegó incluso a equiparar al Partido Socialista con el socialismo utópico criticado por Marx, padre del socialismo científico, por su colaboración en el sistema burgués fruto de los intereses de una élite del mismo Partido que provocaban que éste perdiera su carácter de partido de clase. De este modo, durante estos años García Quejido continuó con su labor de difusión del pensamiento marxista, como testimonia su traducción del Manifiesto Comunista de Marx.  La muerte en 1927 de una persona tan significativa en el movimiento obrero español como García Quejido motivó que las dos secciones de éste en el país trataran de tomar para sí su figura, situándola, en el caso de los socialistas, cercana al PSOE y a la UGT, y, por parte de los comunistas, del lado del comunismo. No obstante y al margen de estas consideraciones, Morato supo definirlo como un gran organizador sindical –teniendo en cuenta su obra en el Arte de Imprimir y en la UGT – y como el “más alto valor intelectual obrero” en el socialismo y el comunismo.

Manuel Pérez Ledesma

(Autor de la obra El obrero consciente, donde abarca la vida de García Quejido y que hemos utilizado para la elaboración de esta entrada.)

En El obrero consciente, Manuel Pérez Ledesma trata, por una parte, la figura de Antonio García Quejido en el movimiento obrero español y, por otra, la importancia de la revista La Nueva Era para la ideología del mismo. Por otra parte, Pérez Ledesma también ha publicado una antología de artículos pertenecientes a dicha revista: ‘Pensamiento socialista español a comienzos del siglo’.

El interés de la historiografía por el movimiento obrero tuvo su momento de auge entre 1965 y 1985, cuando surgieron una gran cantidad de obras dedicadas a abordar este tema tan necesario como ciertamente abandonado hasta entonces, centrándose sobre todo en los ambientes urbanos. Pérez Ledesma es uno de los autores de referencia sobre la historia del movimiento obrero y de los movimientos sociales; tradujo la obra de Paul Lafargue, y escribió la historia de la Unión General de Trabajadores (UGT).