Noche de difuntos: La Hueste de Ánimas

Un año más nuestro calendario se topa con el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, una fecha emotiva en la cual nos paramos a recordar a nuestros seres queridos ya ausentes, que toman protagonismo en una jornada que deja en pausa el ajetreado día a día del trabajo, en el que apenas podemos tomar tiempo para pensar en los que se fueron.

 

Pero el día de Todos los Santos o de los Difuntos siempre tuvo un significado más profundo, alimentando leyendas y mitos que encontraban su cénit en este día. Es en este contexto en el que encuentra su protagonismo la denominada “Hueste de Ánimas”, “Güestia”, “Santa Compaña”, “Estadea” o “Corteju de genti de muerti”, una leyenda entremezclada con la mitología en el Oeste ibérico en el cual, a partir de la medianoche, recorre nuestras calles una comitiva de almas en pena ataviada con túnicas con capuchas, alumbradas por velas en su caminar.

 

Sin embargo, la leyenda dice que al cortejo de la Hueste de Ánimas no lo puede ver todo el mundo, si no apenas aquellos a quienes en su bautizo el párroco les hubiese ungido por error el óleo de los difuntos en vez del óleo del bautismo. Para el resto, la Hueste será invisible, y apenas podrán sentir su paso mediante una sensación de frialdad, de escalofrío, al cruzarse con ella.

 

Pero, para no caer en manos de la Hueste, aquellos que la pueden ver deben afanarse en rezar haciendo caso omiso de sus cánticos durante su paso, y en una noche como la de Los Santos, hay que ir ataviado con un crucifijo para evitar que las ánimas en pena te introduzcan en su cortejo como un miembro más de la Hueste.

 

No obstante, en esta noche de difuntos hay que andarse con cuidado, pues la Hueste de Ánimas toma diferentes formas dependiendo de las zonas por las que transita. Así, en la comarca cacereña de Las Hurdes, el denominado “Corteju de Genti de Muerti” se reduce a apenas dos almas en pena, un hombre y una mujer ancianos, que avanzan a caballo por los pueblos de la comarca buscando almas que llevarse, a las que se acercan diciéndole “somos genti de muerti”, desapareciendo al galope.

 

Con una forma de actuar similar, las almas en pena se presentan también en Asturias, donde la denominada “Güestia” camina cual cortejo fúnebre por las localidades, repitiendo una y otra vez “Andái de día, que la nuechi ye mía”, buscando personas en las calles a las que sumar a la Güestia, como también lo hace en las tierras zamoranas La Estadea, que se representa como una mujer difunta que busca almas que llevarse por los caminos y calles de Zamora.

 

Más conocida en el imaginario popular es la conocida como “Santa Compaña” en Galicia, que al igual que la Hueste de Ánimas, camina por las calles buscando sumar nuevas almas a este cortejo envuelto en mitología, del cual encontramos la referencia más antigua en tierras salmantinas en el ‘Auto de los Desposorios de Moysén’, en el siglo XVI, obra en la que se recogía con el nombre de “Güeste”.

 

Y es que, más allá de la importación de tradiciones o mitos desde el extranjero basados en un ‘truco o trato’ de aroma estadounidense, en las viejas tierras del oeste hispano las almas en pena, los difuntos, siempre estuvieron presentes en nuestra mitología, en unas tradiciones que, cual cortejo de la Hueste de Ánimas, caminan como alma en pena camino del olvido.