Fe y Luz

Fe y Luz [1] es una familia. Como todas las familias, formada por personas de edades y circunstancias muy diferentes. Algunas con muchos años, otras con poquitos. Y algunas, que son el corazón de esta familia, tienen algún tipo de discapacidad intelectual. Junta a ellas, se forman familias más amplias que la propia familia de sangre. Algunos lo llaman “comunidad”. Se juntan para compartir vida y fe. Se juntan porque así se apoyan, se sostienen mutuamente, se animan, se cuidan. Se juntan porque saben que las personas necesitan sentirse parte de algo, ser con otros.

Hace muchos años, no conocía por mí mismo a ninguna persona con una discapacidad intelectual. Cuando empecé a conocer a personas con esa circunstancia, también empecé a darme cuenta de que yo también tenía discapacidades. Y que todos los seres humanos las tienen. Pero las disimulamos, las maquillamos, incluso las negamos, no sea que no gustemos al resto, no sea que nos den la espalda. También empecé a darme cuenta que todas las personas, ¡todas! tenían capacidades, dones, talentos… entonces caí en la cuenta de la poca distancia que a mí me separaba de estas personas, en realidad, casi nada. Y empezaron a tener nombre para mí: José Ramón, Eugenio, Berta, Amada, José Luis, Iván, Guillermo, Eugenio, Eneko, Luis, Mª Eugenia, Rafa…. Y ellos empezaron a llamarme a mí por mi nombre: Raúl. Y comenzó una historia de amistad, una alianza y un compromiso mutuo.

Fe y Luz no es una solución a los problemas derivados de la discapacidad intelectual. Fe y Luz es un signo, una luz en medio de la noche y una esperanza a la vida con mayúscula en una cultura del descarte. Fe y Luz pone patas arriba el orden establecido porque el más importante es el que aparentemente es más frágil y más pequeño. Necesitamos señales de que la vida es más que comer, dormir y ver un poco las series de moda y mucho las redes sociales. Los “likes” son un espejismo que nos duran un fugaz instante. En Fe y Luz se apuesta por tocar a los amigos, sentir su abrazo y ser acogida tal y como somos. No hace falta ser la más guapa, la más lista, la más rica o la más famosa. Nos basta ser como somos.

Todos los seres humanos necesitamos amar y sentirnos amados. En esa experiencia vital nos va la vida. Así de sencillo, aunque a veces lo compliquemos demasiado. Pensamos mucho en si gusto a los demás, si estoy dentro del rebaño, si voy a la moda, si no defraudo a nadie, si cumplo…. Las personas que aparentemente son más limitadas nos enseñan, nos guían, nos construyen, nos ofrecen otras visiones, nos rompen los esquemas….a nosotros, que lo sabemos todo, que estamos de vuelta y de revuelta.

La vida de cada ser humano merece ser protegida, cuidada y defendida. Junto a otros y otras, mejor que solos. En las comunidades de Fe y Luz tratan de cambiar la mirada y descubrir una posibilidad donde muchos ven un problema. Una dificultad también puede ser un reto. Así es el Evangelio, buena noticia, palabra sanadora, oportunidad pese a los fracasos, acogida, mesa de amigos con vino incluido, sueños compartidos, aquí y más allá de la muerte. En Fe y Luz se vive la fiesta con intensidad y se trata de acoger el dolor y el sufrimiento. El otro ya no es ajeno a mí. Los lazos se tejen y se refuerzan. Ya no estamos solos.

Fe y Luz es una familia. Ni mejores ni peores que otras familias, pero familia. Original y alternativa. Lo importante no es hacer cosas para otros, sino hacerlas con otros. A las duras y a las maduras, gustando la miel y la hiel, brillo en la risa y hombro en el llanto. Ni más ni menos.

 

 

[1] Fe y Luz es una asociación internacional formada por pequeñas comunidades cristianas (de diferentes tradiciones) repartidas por más de 90 países. El corazón de estas comunidades son las personas con una discapacidad intelectual, rodeadas de sus familias y amigos. Fue fundada hace 50 años.