Salud emocional 

Es cierto. Nunca en la historia de la humanidad una persona recibía tantos estímulos y más datos en un día. Por ello tampoco es extraño el que aparezcan nuevas “enfermedades”, incluso en niños que sufren el ‘Síndroma del pensamiento acelerado’, que es un tipo de ansiedad generada por exceso de información.

Ante ello, alguien que yo conozco bien diría escandalizado: “Mejor es que “quiten el pie del acelerador” y dediquen más tiempo a contemplar la belleza que nos rodea por doquier”. (Ver foto). Claro es; qué quien  lo definiría mejor sería nuestra querida y admirada amiga –Mari Loli… ¡Por Diossssss!

Y razón tienen. Y como el cuerpo va más despacio que la mente. Podría ocurrir que: “Ello sería como el empezar un libro por el final, conociendo el desenlace pasando por encima de todo el desarrollo”. ¡Que también son ganas de incordiar!

Es un tema muy complicado y escabroso… ¡sí señor! Además de difícil solución. Y más, cuando el teléfono de la esperanza alerta de que hay un “repunte” de llamadas de jóvenes y adolescentes que han perdido el sentido de la vida, se sienten en soledad, y muchos de ellos muestran conductas suicidas… la ansiedad, el alcohol, las drogas, la soledad, el aislamiento son malas cosas…

Pero vamos a terminar con este tema que es: “poner término a una cosa, acabarla”. Con algo que escuché y leí y que me conmovió profundamente: “Para mejorar la salud emocional, hay que reconocer los fallos, valorar los logros, buscar actividades con las que disfrutar, fijarse propósitos en la vida, cuidar las relaciones sociales, tener un estilo de vida saludable, y… aceptar los reveses de la vida”… ¡Casi ná!

Andaba yo en estas tristes disquisiciones y preocupaciones, cuando me encuentro después de muchos años sin vernos con un compañero de estudios-Promoción de 1945 en el Instituto de Enseñanza Fray Luis de León de Salamanca. (Ver foto). El bueno de Santiago. Decidimos tomar un café y charlar un rato de lo divino y humano. Pero pronto derivó el tema por cosas de “antaño” con preferencia por los primeros estudios tan socorridos como la “mili” obligatoria. Tampoco estuvo exento de “repaso” este estado de salud emocional, en que se encuentra inmersa la juventud actual y sus circunstancias…

A Santiago le preocupa mucho un –nuevo fenómeno-, aparecido recientemente y que supone “un palo más” en la rueda del carro, para la juventud y su salud emocional. Y no es para menos; pues parece ser, que tiene altos índices de violencia. Es un juego desproporcionado llamado El Juego del Calamar. 

¡Se les ha ido de las manos!... expresa con vehemencia Santiago; y añade: “Ya querían los chicos de hoy recibir la enseñanza que tuvimos los de antaño con tan pocos medios”.

No vamos a entrar en pormenores; pues hoy me agradaría poder distender este farragoso tema en el encuentro fortuito con el amigo y “compi juvenil” Santiago-de la –Promoción de 1945- en el “insti”. Pues dada su sapiencia  en el tema; no vendría mal una pincelada de aire fresco recordando,  a alguno de los profesores que tuvimos, donde: “La humanidad y la comprensión no tenían que estar reñidas con la seriedad y la disciplina”.

¿Recuerdas Anselmo a Don Ricardo Beltrán “Richi” que se llevaba la palma de nuestras bromas, por su inagotable anecdotario?

¡Cómo no me voy a acordar… tal como si fuera hoy! Era el profesor de-Geografía e Historia-, y su cultura extraordinaria. Teniendo un gran ascendiente entre el resto de los profesores. Cuando Don Ricardo hablaba; los demás escuchaban y asentían.

“Recuerdo que llevábamos a clase trocitos de-hojillas de afeitar-, para colocarlas entre las juntas de las tablas de que estaban hechos los pupitres. En un momento determinado la clase organizaba un “concierto de sonidos vibratorios” improvisado y agudamente sonoro… ¡Banggggg!... que le ponía sumamente nervioso y murmuraba ¡Y dale hijo y dale con el ruidito! Más de una vez intentó localizar de donde procedía, paseándose expectante entra la fila de asientos. Pero… cuando estaba por las últimas filas, allí cesaba la “conexión”, volviendo a sonar en la primera fila del aula”. ¡Todo un espectáculo!...

Gracias amigo Santiago por este recuerdo tonificante y reparador. En otra ocasión contaremos más. Pues eso.