El psicodrama, la salud mental y las utopías sociales

Al hilo de la asistencia a una experiencia de psicodrama público dentro del XXXV Congreso anual de la Asociación Española de Psicodrama, en León, el pasado fin de semana, nacen estas reflexiones que pretenden unir el grave problema de salud mental que nuestro país arrastra desde hace décadas (agravado ahora por el Covid19)  y una sencilla y eficaz teoría y técnica grupal, llamada psicodrama. El psicodrama, que  a veces es utilizado como palabra más bien literaria, y es muy poco conocido y practicado en España,  es un conjunto de  teorías y técnicas aún vigentes en el campo de la Psicología de los grupos y de la psicoterapia de grupo. Pero ocurre, en instituciones psiquiátricas y en el ámbito de la psicología académica, que comienzan ya a calificarse de “utópicas”, por la deriva cientificista y “cerebral” que ha seguido la psiquiatría actual y la psicología.

En estos tiempos, remitirse a unas experiencias conocidas en un hospital psiquiátrico francés, donde me formé en psicodrama hace medio siglo, suele “oler” a batallitas de viejos; como si el mero paso del tiempo sirviera para invalidar idas y prácticas eficaces en el campo de la salud mental y también de los grupos. Pero, la obviedad es que en estos últimos cincuenta años no ha habido en Occidente, ni en psicofarmacología ni en la práctica de las psicoterapias, avances que permitan afirmar que ahora hay mejores medidas y tratamientos en psicopatología, que hace medio siglo.

La velocidad de los cambios a los que está sometida nuestra sociedad, en un proceso de destrucción y construcción, que no tiene límites, hace que figuras de hace un siglo, como el psiquiatra J.L. Moreno, aparezcan ahora como aventureros utópicos ajenos al quehacer desnortado de nuestro presente.

La psicoterapia de grupo, y dentro de ella el psicodrama, fue creada teórica y prácticamente por un gran clínico, un buen teórico y un gran creador, con los pies siempre en la tierra: J.L. Moreno. Durante algunas pocas décadas del pasado siglo, la psicoterapia de grupo y el psicodrama han ayudado a miles de enfermos mentales, sobre todo en los hospitales psiquiátricos y en Centros de Psicoterapia. En la actualidad el cientificismo y las neurociencias han invadido el territorio de tal manera que el sujeto individual de la psicología y la psiquiatría está desapareciendo bajo la arrolladora lava volcánica de lo farmacéutico y del acercamiento supuestamente objetivo de las conductas humanas. Escuché en una conferencia hace unos días a un psicoanalista francés afirmar que ha comenzado ya un proceso en el que el psicoterapeuta está siendo sustituido por un robot “humanizado” y paralelamente el sujeto contemporáneo camina hacia una robotización general de su ser en el mundo.

La psicoterapia de grupo, el psicodrama, son prácticas psicológicas de un gran valor terapéutico y que, curiosamente, no necesitan  ninguna gran partida presupuestaria para que, junto a otras medidas sociales y médicas, mejore significativamente el campo de la salud mental.

No son utopías. La utopía, en salud mental, es seguir “avanzando sin saber a dónde vamos”.