El volcán de La Palma sigue despierto 

Al regreso de un  viaje fuera de España aprovechando que el maldito virus parece dispuesto a dejarnos volver a nuestras actividades normales por fin, me encuentro con que el volcán que empezaba a despertar después de varias décadas dormido, sigue más despierto que nunca y empeñado en borrar del mapa la isla de La Palma, esa isla de la que guardo buenos recuerdos y que los canarios, con toda la razón del mundo, llaman bonita. Los ríos de lava están dejando sus pueblos sin iglesia, sin colegios, sin centros de salud, sin campo de fútbol, sin supermercados, sin naves comerciales, sin cultivos… y entre temblores de tierra, nubes de ceniza y espantosos rugidos cientos de viviendas han quedado sepultadas. Y esto es doblemente doloroso.

Las casas no son solamente el techo y las cuatro paredes donde todos nos sentimos libres, protegidos, a gusto, son, también, el museo particular de cada familia, de cada persona. En ellas, aunque nos falte sitio para otras cosas, vamos almacenando las fotografías de nuestros mayores, el reportaje de la boda, los juguetes de los hijos, la primera nómina, la última letra, notas escolares, cartas firmadas por quienes ya nos dejaron y un sinfín de cosas que solo sirven para robarnos sitio pero que nos negamos a llevar al contenedor de la basura porque hacerlo es tirar parte de nuestra vida. Los cientos de personas que son evacuadas tienen que salir con lo puesto y al volver solo encuentran un manto de lava que cubre sus casas, sus historias, sus tesoros, esos tesoros que, más que caros, son insustituibles. Ni siquiera les queda el palmo de tierra para volver a construirlas.

Lo único bueno de esta tragedia es que hasta ahora no hay que lamentar ni muertos ni heridos. Esto no hay que agradecérselo al volcán, si podemos celebrarlo es gracias a los que trabajan  de día y de noche para evitarlo, el volcán, tras treinta días en vela, sigue sin dar señales de sueño, y lamentablemente nadie puede saber cuándo cerrará los ojos y volverá a quedarse dormido para siempre.