Es el momento de la vergüenza

El pasado miércoles 6 de Octubre, el Papa Francisco hablaba en audiencia general sobre el informe sobre abusos sexuales en la Iglesia católica en Francia en la que miles de menores franceses fueron víctimas de pederastia por parte de sacerdotes y de otras personas con autoridad en la jerarquía eclesiástica desde la década de 1.950. Cito textualmente las palabras de Francisco:

“Deseo expresar a las víctimas mi tristeza y mi dolor por el trauma que han sufrido. Y también mi vergüenza, nuestra vergüenza, mi vergüenza por la incapacidad de la Iglesia que durante demasiado tiempo no consideró sus preocupaciones como debiera. Les ofrezco mis oraciones. Oro y todos juntosoramos a tí, Señor de la Gloria, a nosotros la vergüenza. Es el momento de la vergüenza”

Es el momento de la vergüenza. También para mí es el momento de la vergüenza y seguramente para muchos creyentes de todo el mundo. Porque eso es lo que es: algo que nos avergüenza.

Estos días escucho decir a algunas personas que los informes exageran los números y que no pueden ser tantos. Entonces, ¿cuántos tienen que ser para superar la frontera de lo vergonzoso? Con que haya un caso, a mí ya me parece lamentable. Pero el tema no es que haya uno (parece que tanto en Francia, como en España, y en otros lugares son bastantes) o muchos, sino la actitud de la Iglesia durante muchos años ante ese hecho. El Papa lo expresa muy bien. La Iglesia ha sido incapaz de gestionar estos aberrantes hechos de forma adecuada. Entonces, ¿cuál ha sido la actitud de la Iglesia? En la mayoría de los casos relativizar los hechos (no es para tanto, hay que comprender…) y negar, ocultar, disimular, esconder… ¡¡¡Esa actitud duele y mucho a muchos creyentes!!! Hay personas que argumentan que depravados y abusadores hay en todos los ámbitos y gremios de la sociedad, no solo en la Iglesia. Pero el problema añadido viene cuando la institución a la que pertenecen no toma las medidas necesarias y esperadas. Durante mucho tiempo se ha silenciado estos hechos. Y eso es motivo de VERGÜENZA con mayúsculas. Y lo dice Francisco, sí, el Papa Francisco.

Según mi modo de ver, hay que señalar varias cuestiones:

En primer lugar, hay que poner en el centro en las víctimas, en las personas que han sufrido cualquier tipo de abuso en el contexto de la Iglesia, apoyarles y animarles a que denuncien. Da igual si fue hace muchos años o pocos años. La iglesia debe, debemos, acogerles y escucharles. Y además, facilitarles los medios necesarios para que esa investigación llegue hasta el final.

En segundo lugar, hay que reparar el daño a esas víctimas, principalmente una reparación moral y espiritual. El daño infringido a la víctima puede ser irreparable. Hay que acoger, pedir perdón, ponernos en el lugar del otro y poner los medios reales y efectivos para ello.

En tercer lugar, hay que perseguir este tipo de acciones. Tolerancia cero. Pero cuando digo cero es cero, ¡cero! Nada puede justificar abusar sexualmente de un menor. La justicia civil tiene que ser contundente con las condenas y la Iglesia también. No puede haber actitudes de negación, de relativización y mucho menos de esconder, ocultar o disimular. No es aceptable.

Finalmente, tendremos que revisar de forma profunda y radical, en la Iglesia de todo el mundo, la formación afectiva y sexual que ofrecemos en los seminarios, los perfiles psicológicos de los candidatos al sacerdocio, el acompañamiento afectivo, humano y espiritual de los que ya son sacerdotes.

Menos mal que sé que la Iglesia es mucho más, porque así lo experimento y así lo conozco, sino a uno le daban ganas de cerrar la puerta por fuera. Menos mal que conozco sacerdotes y religiosos apasionados por el Evangelio de Jesucristo. Pero hoy no toca sacar pecho por la gran labor de Cáritas, de tanta gente, por tanta generosidad real y cierta en la Iglesia, por tanta entrega al servicio de los demás… No… Hoy es el momento de la vergüenza, de pararnos, pensar un poco y expresar lo que sentimos.  ¡Qué vergüenza!