"El grito discriminatorio"

Así le dicen en México…y en la FIFA al “eeeeh, puto”, mexicanismo para el “eeeeeh, cabrón”, que se le solía gritar al portero contrario en los campos de fútbol. No lo defiendo, pero con eso de no decirlo tal cual, creo que empezamos mal. Con eufemismos se tranquilizan conciencias, pero no se cambian hábitos.

La relación de México con el eufemismo no es reciente: las mujeres no paren, se alivian; se hace “del uno” o “del dos” –no se mea, casi ni se orina, ¿tengo que seguir explicando?–; el culo son las nalgas, las pompas o el derrière; creo que ni siquiera trasero es del todo bien aceptado… Ojo, tampoco pasa nada, cada uno es como es y, de hecho, en España seamos, probablemente, a veces demasiado escatológicos.

El asunto es que vivimos tiempos de militancia eufemística, así, en general; y claro, el feo “eeeeh, puto” que se grita en los estadios de aquí al portero contrario y que me recuerda al “eeeeh, cabrón” que se empezó a gritar en los 80 por allá, se considera discriminatorio puesto que puto, en México, es palabra vulgar, insultante, para calificar al hombre que gusta de las personas de su mismo sexo. El femenino del adjetivo en comento no varía el significado que tiene por aquella orilla… Y por otras.

Líbreme Dios, o el ser supremo de su preferencia, de defender la vulgaridad y el insulto; es más, el hecho de que se siga gritando, cuando pende la amenaza de, incluso, poder dejar a México fuera del Mundial, refleja una peculiar relación con la ley de un sector social demasiado amplio; un amplio grupo social que, sobre todo, gusta de mostrar que las normas, la ley, son para los demás, que a ellos… y ellas, les valen madres, expresión mexicana equivalente a les importan un comino, pepino, rábano o la hierba o verdura con la que se frasee la indiferencia militante en sus lugares.

El problema es querer vencer al grito, además de con castigos ejemplares, con ese eufemismo: “grito discriminatorio”: no hay que ser filólogo para intuir que es batalla perdida antes de pelearla.

Ya les digo, el eufemismo por acá es divisa de curso legal… y las “malas palabras” no se dicen en público… de manera individual; en grupo, no hay pedo; y esto que acabo de escribir probablemente me ha hecho perder algún lector.

Por eso, propongo humildemente a las autoridades, un uso lingüístico diferente… Porque estoy convencido de que el día que en los letreros del estadio y por la megafonía se lea y se oiga: “si vuelven a gritar “puto” se van a la chingada de aquí”, o “nos carga la chingada a todos y no vamos al pinche Mundial”, será la última vez que se escuche.

Pero no sé si hay desos… O sea, huevos… u ovarios.

 

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