Esto lo llevo oyendo toda la vida

Me encanta salir al campo y cuando tengo la oportunidad de salir ahí estoy yo con mi mochila

Reconozco que soy una persona ‘de culo inquieto’, que a poco que me animen ya estoy liado en esto o en lo otro. El caso es que este año, no sé cómo, me he venido arriba con las tareas y compromisos del día a día y éstas han crecido de manera exponencial. Podría deciros que no sé decir no a una tarea o compromiso cuando igual no tengo por qué hacerlo. Quizá debería empezar a cambiar el “¡cuenta con ello!” por un prudente “lo pienso y hablamos”, “vamos viendo” … reconozco que tengo un problema y es que soy muy optimista en cuanto a la carga de tareas que tengo que realizar cada día. El otro día le dije a mi mujer que el próximo año me liberaré de tareas para estar más tranquilo, a lo que me respondió, “esto lo llevo oyendo toda la vida”. 

Lo cierto es que tengo ganas de cambiar de hábitos, no para ser monje ¡no os asustéis! sino para liberarme de tantas obligaciones diarias y dedicar algo de tiempo para mí. Me encanta salir al campo y cuando tengo la oportunidad de salir ahí estoy yo con mi mochila, el problema es que entre una y otra salida pueden pasar varios meses. 

Tengo envidia sana de Arturo, que no perdona ningún sábado, da igual que caliente, llueva o nieve. Lleva muchos años saliendo con su gran compañero de rutas Fernando, buena gente, y coincido con ellos en alguna comida y cuentan alguna que otra anécdota, ahí estoy yo embobado escuchando cada historia. Otro es mi tío Paco, él no perdona ningún domingo, y hemos organizado juntos varias salidas, cada una con sus anécdotas, como un día que nos calamos hasta los huesos, literalmente, hicimos una ruta en la que no dejó de llover en todo el día, y de qué manera. Terminamos en casa de otros tíos en Sotoserrano, entrando en calor al lado del fuego con los pies descalzos, mientras se nos secaban las botas. El caso es que saboreo mucho esos días disfrutando de la naturaleza, recogiendo por el camino lo que se nos ofrezca, da igual si son moras, castañas o marujas. 

Tengo la necesidad de retomar los tiempos muertos del día a día, como el café de media mañana o el piscolabis de media tarde. Antes, cuando era niño, el recreo cumplía esa misión de hacer más llevadera la mañana. Los fines de semana la misión de prepararse para las horas extras de estudio. El caso es que esos tiempos son “oxígeno puro” y voy necesitando algún que otro recreo, llevo muchos ‘ayer’ a mis espaldas sin ellos y en los bolsillos demasiados ‘mañana’. Hoy me planteo que va siendo hora de cambiar de hábitos, no para ser monje ¡no os asustéis!