La biblioteca despierta (III)

La biblioteca, como cualquier otro ser inanimado, no tiene la vida de los seres inanimados. Nosotros conocemos esa clasificación entre unos seres y otros. Estas palabras escritas en la pantalla del ordenador no tienen vida. La página en blanco sobre la que se escriben estas palabras tampoco. Ni el cartón del cuaderno de la página en blanco mencionada antes. Tampoco la mesa donde apoyo mis brazos al transcribir mi columna de hoy. De otro lado, entre los seres animados podemos mencionar el gato de mi casa, un felino de un instinto muy avispado y certero. El perro de casa antes de la llegada del gato. La última persona con quien hablamos antes de venir a esta publicación. La magnolia y el pino de mis vecinos. Los pájaros de la mañana. Pero cuando la biblioteca despierta sí cobra vida.

Continuamente, encontramos proyecciones en los objetos de nuestro entorno. Ya sea por el pasado relacionado con ellos, ya por cosas del futuro en camino al presente, ya por resonancias emotivas, sentimentales, afectivas, los objetos activan una pulsión en nosotros y nos mueven a ir a alguna parte. Las cosas que odiamos ejercen una influencia motora en nuestros nervios, las cosas que envidiamos, las que celamos, las que ignoramos, etc. Las obras de arte nos mueven asimismo. En los museos del Vaticano contemplé una Madre Dolorosa de Van Gogh y cuando estaba ahí frente a la pieza la respiración me falló y algo dentro de mí entró en estado de hibernación.

En el deporte equipos como España frente a Italia me han arrasado los ojos en felicidad. El Caravaggio a mi derecha, como hace tiempo, me sigue hablando de un conocimiento del dolor muy cercano a mi piel, y a su manera lo hace el Rembrandt al otro lado. Mas todo eso, sea animado o inanimado, parece un simple espejo de mi alma. Yo he visto lo descrito hasta aquí, pero asimismo de algún modo yo me he visto, o me he inventado, en esas figuras exteriores. Con Jack Kerouac me pasó hace años, con Calderón de la Barca, con Juan Ruiz de Alarcón también. Bélgica frente a Francia asimismo me emocionó y me llevó y me trajo a pensar y sentir la derrota de los uniformados en rojo. Pero insisto, esas impresiones se graban en la psicología y las entrañas del sujeto, la potencia del alma en la imaginación vuela y se extravía, mas esto forma parte intrínseca de la sensibilidad del individuo frente a la cosa referida. La biblioteca no. La biblioteca despierta y nos habla y la escuchan quienes tienen oídos para escucharla, así como la ven quienes tienen gafas o buena vista para verla.

Los volúmenes están ahí para ser leídos, al menos en una o dos de sus páginas. El diálogo de las almas suspendidas en ese espacio de un tiempo paralelo al nuestro no termina. Nosotros lo traemos al presente y por medio de nosotros llega al futuro o se acaba aquí. La manera de ordenar los libros constituye parte del lenguaje. No solo se trata de ver la secuencia del abecedario a, be, ce, de, etc. Existen otros órdenes, más cercanos a nuestras esencias, como la de encontrar a Poe junto a Borges, Ishiguro al lado de Murakami, Elba Maribel Hernández Miranda y Bernardo Casanueva Mazo hombro con hombro, y Greimas con Cervantes, por el eco de uno en otro, la idea de nación evocada por el nombre, la afinidad poética o el amor a la escritura, respectivamente. El volumen Viento entero, de Octavio Paz, tiene una función de ornamento en la estantería visible cuando imparto mis clases en línea. La biblioteca nos proporciona pistas para conducir a nuestro pensamiento a regiones todavía no conducidas. Nos dice algo cuando dejamos una flor de magnolia como por descuido en una de las repisas.

 

Mensaje

Bernardo Casanueva Mazo

   Si mirándote
como a la flor que pierde en el desierto
su cáliz de amargura,
no sintiese lo duro de tu aurora,
iba a ahogarme la sed de esta nostalgia
tan próvida en oasis.
En lontananza estás como la estrella
hacia la cual mi pecho se encamina,
impulsada en el viento,
frutecida en la nada,
palpando el horizonte de lo nunca,
saciando el infinito de lo siempre.
Estás como la esfinge
y en tu jugo de muerte superado
tristes crecen palomas mensajeras.

 

Pirámides

Elba Maribel Hernández Miranda

Con tantos dioses
ancestrales, tú,
cómo es posible saberte
desprovista, al amparo solo
de las ruinas solitarias, inclementes,
donde duerme un contradios
y tú reinas la ceremonia.

 

Cada voz de ese ser letrado en el orden de un criterio humano, cada pensamiento vivo en el papel al tacto de nuestra vista, se encarna en nuestra palabra y nuestro silencio y nos lleva de la mano, como si fuéramos niños, al lugar donde termina el mar y el asombro y lo no visto aparece.

 

Xalapa, Veracruz, México
A un día del 10 de octubre de 2021
Juan Angel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com