La mente en negro

Estoy totalmente seguro de que todos los que escribimos mucho y a menudo nos hemos quedado más de una vez con la mente en negro ante un papel folio en blanco… blanquísimo.

Hoy me encuentro en tal situación y no me consuela el pensar que a personas importantísimas de las que escribo con todo el respeto les haya pasado lo que a mí. Miguel de Cervantes, Cela. Umbral, Miguel Delibes, Unamuno… y hasta el propio Reverte, que ya es decir. Todos ellos ya han pasado a la historia con méritos suficientes.

Ni leyendo la prensa diaria he podido hoy inspirarme: “Pues la inspiración es un fenómeno que no se puede provocar, es un misterio que se manifiesta”. Aunque tampoco me extraña mucho en no lograrlo en esta lectura de hoy, cuando me encuentro con cosas y sucedidos ya muy sabidos por todos; la ampliación de las terrazas en Salamanca al estabilizarse la situación del Covid, vuelven las noches de fiesta sin mascarillas y espacios, rompen las ventanillas del coche policial, el Barcelona vuelve a perder… en fin para que seguir. ¡Hombre! He logrado encontrar una noticia interesante. En su columna Calle del Desengaño, Alberto Estella, reputado y reconocido columnista y pluma reconocida y valorada de opinión, cuenta con su peculiar estilo que se ha enfrentado al puto folio, más de ”2500 veces, arriba o abajo”. Yo intuyo que también se habrá quedado con la mente en negro ante un folio en blanco, blanquísimo, otras muchas. Con el señor Estella Don Alberto, coincidí en varias ocasiones en la misma página de opinión en La Gaceta con la mía titulada ‘A mí manera’. Yo comencé a colaborar con  este periódico en el año 1980 en una añorada página de Caza y Pesca y con Entrevistas en la Hoja del Lunes de grato recuerdo, con entrevistas variadas.

Tal vez Alberto aún recuerde aquel lejano día, en que me llamaron desde la Sede de UCD para decirme ante mi absoluta sorpresa, ya que nunca me había visto en algo parecido; que iría en las listas al Ayuntamiento de Salamanca y que debía ir rápidamente a la sede. Tal vez  por el “susto” o el desconocimiento del lugar en que se encontraba el lugar de la cita, perdí un tiempo buscándolo nervioso. Cuando me encontraba a la puerta del emblemático-Cine Salamanca… apareció gesticulando y pienso que ligeramente cabreado Alberto a buscarme. Y, no era para menos, dentro de la Seda de UCD esperaban para la entrevista; Sánchez Terán, Álvarez de Miranda, Pilar Fernández y algunos “pesos pesados” más del Partido que no recuerdo… (Ver foto).

Y, mira por dónde, fui Concejal del Ayuntamiento de Salamanca-Primera Corporación Democrática 1979-1983 (Luego volví  a ser Concejal por AP).

Hecho este alto anecdótico en el camino, la inspiración buscada está muy reacia para llegar: “Cuando hablamos de inspiración lo hacemos de una emoción, de algo que nos mueve para hacer algo”, pero que si no llega es un verdadero fastidio como es en este caso. Y me pregunto expectante ¿De qué puedo escribir ahora? Eso… ¿de qué?

Tal vez, ya “metidos” en “harina política”, podría contar: “Cuando en la campaña promocional tuvimos que patear el-Barrio de Garrido-, en aquella época “dejado de la mano de Dios”… y de los hombres; con calles sin asfaltar y a tope de barros rojos pegajosos, pero con gentes estupendas. Con múltiples anécdotas surgidas en el duro bregar acompañando a Pilar Fernández Labrador, candidata a la Alcaldía,  y también en compañía de Nicolás Cifuentes, (Ver foto), un inefable vecino y luego Concejal (como yo), aquello dio para mucho. Y más considerando que una mujer al frente de algo importante y menos para ser Alcalde, no era plato de gusto para muchos vecinos, vecinas y residentes en el barrio y fuera de nuestras fronteras…

Sí, podría escribir de ello y de mucho más. Pero la dichosa inspiración, no llega aunque Eestoy totalmente convencido de que en los próximos años vamos a tener avances importantes y entenderemos mejor y con mayor detalle este fenómeno de la inspiración.

Sí, pero a mí, no sé si me dará tiempo a saborearla. Por ello y, mientras llega, hoy tengo que dejar este folio en blanco blanquísimo… ¡en blanco! y sin ninguna historia que poder contar. Por ello pido disculpas.

¡Mañana será otro día!