La familia y la escuela ¿Son un lugar seguro? 

Una niña de 13 años se ha suicidado, como tantos otros adolescentes. El suicidio lleva años siendo la primera o segunda causa de muerte en adolescentes. Lo hacen por razones diversas que no podemos resumir aquí: maltratos, conflictos familiares, soledad, acoso, abusos, etc., etc.

Esta niña dejó escrito que no soportaba lo que le decían y hacían  un grupo de compañeros que iban a clase con ella. Un caso más de acoso. Una realidad inaceptable que podría y debería evitarse.

La familia y la escuela son las instituciones más universales y fundamentales para  el desarrollo. Y, en general, cumplen sus funciones adecuadamente.

 Pero yo me pregunto, en este caso, comenzando con la familia:

¿Cómo es posible que pasen estas cosas?

¿Por qué la niña no pidió explícitamente ayuda a algún familiar?

¿Cómo es posible que la familia no detectara lo que estaba pasando su hija? 

Estas conductas son una  crueldad difícil de soportar, con acoso sin descanso,  en el colegio, en las  cercanías del colegio y en las redes sociales que entran en casa, en la habitación y en la cama de la niña. Además de acosarla, eigían secreto a la víctima, con amenazas.

Internet y las redes sociales son muy útiles, pero pueden convertirse en una prisión, no concediendo momentos y lugares en los que se sientan protegidos. Son el Dios que se inventaron, cuando eramos niños: “lo sabe y lo ve todo, incluso nuestros sueños, nuestros deseos, nuestros amores”.  Espero que si Dios existe, no sea  tan fisgón y justiciero, sino el de los evangelios.

Siempre hubo “chivos expiatorios” en las clases, objetos de crueldades o bromas. El problema es que no hay vacaciones de las redes sociales e internet y que los menores están demasiado pendientes de las pantallas.

El acoso  es evitable si en la familia si se cumplen determinados requisitos.

Prevenir antes que lamentar:

a.- Se habla de estos temas,  les explican  que le sucede a algunos menores (sin alarmismos), señalando las características de estas conductas, su exigencia de secreto, con amenazas, etc.

b.-Explicarles que tienen el derecho a no ser maltratados, vejados, minusvalorados, etc.

c.- Colaborar con el colegio, si se hace prevención.

Detectar en lugar de mirar para otro lado:

a.- Mirar más a la cara y los ojos de los hijos, porque los problemas en la infancia “dan  la cara”. Menos televisión y pantallas y más comunicación entre padres e hijos.

b.-Si se observa algún cambio brusco en el humor o en la conducta,  cambios  de los que no dan explicación, crear un espacio de confianza y tranquilidad  y se les dice, por ejemplo: “No sé, pero me preocupa como te veo… si alguien te hace daño, abusa, te acosa, etc., y te dice que guardes el secreto, debes decírnoslo,  te creeremos y acabaremos con ello”.

c.- Los pediatras y médicos de familia, los psicólogos y todos los profesionales que, por uno u otro motivo, hacen una historia clínica, deben cooperar con la familia y hacerles preguntas sobre un campo olvidado: los sufrimientos evitables causados por otras personas.  Por ejemplo: ¿Alguien te ha hecho en la vida o ahora daño; un daño del que te es difícil defenderte y tal vez te amenacen para que lo mantengas en secreto?

Afrontar con ayudas y denunciar:

a.-Asegurarles que les creerán   y  evitarán el abuso.

b.-- Decirles que hablarán con el tutor del colegio, con los padres de los acosadores, con el pediatra o médico de familia y, si supera ciertos límites, con la policía o el juez de guardia.

Una infancia segura y feliz, es la base de la salud física, emocional y social de los menores y la mejor base para la vida adulta. Consigamos que se sepan y sientan seguros, pidan ayuda, no guarden un mal secreto y tengan razones para cantar la vida.