El agua potable como derecho en el espacio público

Un año antes de la actual pandemia, esperemos estar ante su final, visité fuentes para beber en la ciudad y averiguar su estado, con un resultado poco satisfactorio. De vez en cuando recuerdo la necesidad de tener esas fuentes en calles, parques y paseos peatonales distribuidas razonablemente. El acceso al agua potable es un derecho humano esencial, dudo mucho alguien desconozca su importancia para la vida, aunque quizás también haya negacionistas. Entonces lamentaba su perdida de importancia en el espacio público, incluidos parques, y su mantenimiento deficiente. Por ese tiempo el Ayuntamiento instalaba algunas junto a carriles bici.

Aunque sigo pendiente del tema no había pensado todavía tornar a él. La pandemia las dejó fuera de servicio unos meses, y vueltos a la “normalidad” algunas funcionan y otras no como siempre. Pero esta semana me encontré con el anuncio de la presentación del libro “Fuentes públicas de agua potable. Elementos para el Derecho Humano al Agua y su accesibilidad” por Aguas de Cádiz. Esta es una Empresa Municipal desde 1995, aunque el municipio tiene el control del abastecimiento del agua desde 1927.

Modelo de fuente para beber en Cádiz, fruto del estudio y el consenso garantizando su accesibilidad. En la parte inferior hay un pequeño vaso para perros. Se fabrica en la zona.

Desde 2017 esa empresa municipal gaditana cuenta con un Plan Estratégico, diseñado con una notable participación ciudadana, “para alcanzar una gestión eficaz y eficiente de los servicios encomendados”. Incluye un Plan Director de Infraestructuras y otro de Inversiones hasta 2027, programando sus actuaciones desde un profundo Diagnóstico inicial. Desconozco si por allí los reventones se reproducen con la misma facilidad que en Salamanca, pero eso apunta a una interesante fórmula para prevenirlos. En esa ciudad existe un programa de mínimo vital garantizando el suministro de 100 litros por persona y día a 3.306 hogares con pocos recursos económicos. Muy comunista bolivariano, supongo.


Tras el cambio de color municipal en 2015 en Cádiz, se evidencia que los campeones Populares de la gestión no lo parecen tanto.

Entre las conclusiones de la Mesa de Diagnóstico de la participación ciudadana, tienen esta “35. Fuentes públicas accesibles y controladas. Control higiénico-sanitarios. Que todas las fuentes estén abiertas. Necesidad de coordinación con urbanismo para mejorar la eficiencia, racionalidad y mejor gestión de fuentes públicas”. Desde entonces están inmersos en extender el derecho al agua en las calles, buscando una media de una fuente para beber por cada mil habitantes, con una distribucción más ordenada y accesible.

En Valladolid la web de la empresa pública del agua incluye este mapa con la ubicación de fuentes repartidas por la ciudad. En Madrid también existe otra interesante y actualizada. Lástima de Salamanca. 

El libro publicado describe el proceso. Parten de un estudio pormenorizado de la ciudad, de los movimientos de la ciudadanía (a pie, en bici, o en transporte público) y de los paseos más transitados, así como de los lugares más concurridos y los centros públicos con más usuarios, abarcando toda la ciudad. Con ello diseñaron un mapa de fuentes con el objetivo de que cualquier habitante disponga de una a no más de cinco minutos andando desde donde esté. En la actualidad ya tienen 130. Quizás no sea mala idea que el Ayuntamiento salmantino imitara al menos esta iniciativa. Así a lo mejor resultaba más fácil encontrar las 210 fuentes para beber que dicen tenemos.

Modelo muy “accesible” de fuente para beber en el recinto deportivo de La Aldehuela. Fuera cuesta más encontrarlas.