Labor de los abuelos

Ser abuelo o abuela es toda una categoría. Es, desde luego, un universal humano, presente en todas las culturas y civilizaciones. Gracias a tal categoría, en el existir humano, se vinculan la niñez y la vejez o, lo que es lo mismo, la inocencia y la experiencia. Sobre tales conceptos ya poetizaba, de modo muy hermoso, William Blake, en sus ‘Cantos de la inocencia y de la experiencia’.

El abuelo y la abuela son verdaderos iniciadores vitales para niños y niñas, para sus nietos. Y es una iniciación marcada por el signo del amor más desinteresado y más puro. Es como si los dictados de supervivencia de la especie humana actuaran de modo sutil e invisible sobre todos los seres.

Los abuelos, además, hoy, en una sociedad como la nuestra, cumplen importantes funciones para el sostenimiento de sus hijos y nietos. Aparte de la ayuda económica que proporcionan a sus descendientes en no pocos casos, realizan una labor social y familiar de gran importancia.

A diario, a las entradas y salidas de los colegios, vemos a abuelos y abuelas que llevan a sus nietas y nietos y que los recogen. Posiblemente, no pocos nietos comerán también en las casas de los abuelos, ya que las jornadas laborales de los padres impiden a estos realizar tales labores.

Pero, hoy, a lo largo de estos últimos años, observamos sutiles derivas en la labor y en la conciencia de abuelos y de abuelas. Una de ellas nos llama muchísimo la atención, pues le vemos sus lados positivos, pero también los negativos.

Acaso, debido a que nuestro país es uno de los que tienen una de las tasas de natalidad más bajas de toda la tierra y a que, por tal causa, escasean los niños en nuestra sociedad, hay como un orgullo de los abuelos que les lleva a exhibir a sus nietos incluso visualmente por los medios tecnológicos.

Así, cuando consultamos los contactos de nuestro “whatsapp”, en no pocas personas amigas y conocidas, observamos cómo, en la imagen de su identificación o perfil, ponen una fotografía de algún nieto. Es, desde luego, lícito. Cada cual sabrá cómo utiliza las realidades de sus ámbitos familiares y privados.

Pero, ¿no estaremos siendo imprudentes al ‘exhibir’ a nuestros nietos? ¿Nos darían ellos permiso? ¿Les parecería bien? ¿No estamos atentando contra su intimidad? ¿Nos gustaría que hubieran realizado eso nuestros predecesores?

También hemos tenido la experiencia de que, tanto por “whatsapp” como por correo electrónico, se nos han enviado fotografías de bebés con solo unos días por parte de abuelos y de abuelas amigos.

Es lícito que se nos caiga la baba con nuestros nietos. La labor de los abuelos ha sido, es y será muy importante, desde luego. Pero habrá de ir siempre acompañada por ese signo del amor y no de la exhibición.

Abuelos y nietos. La vejez y la niñez. La experiencia y la inocencia. Siempre han ido e irán de la mano. Por el bien de la especie. Por el bien de la humanidad.