Pequeños apuntes de fútbol, a vuela pluma

          Estamos asistiendo en estos momentos a partidos de fútbol donde demasiados jugadores chocan entre sí, se hacen daño y se revuelcan por el terreno de juego. El que más grita en la caída es el mejor considerado por el árbitro, una trampa inaudita que sirve para que el fútbol sea una interrupción permanente. Creo, sinceramente, que muchas de las disputas en las que se hacen daño los jugadores es debido a un mal concepto del marcaje.

             En la actualidad, se persigue al jugador contrario y se le entra por detrás haciéndole falta sin ninguna necesidad. Por otra parte, en las disputas y saltos de cabeza, rara es la ocasión en que alguien sale con una ceja dañada, un labio, o un golpe mutuo en las cabezas. El marcaje bien hecho, debe orientarse detrás del contrario, o a un costado, a medio metro más o menos de distancia que permita, en una aceleración del defensor, adelantarse y anticipar al delantero. Sin embargo, seguimos viendo marcajes “al espinazo” que lo único que consiguen es hacer faltas innecesarias y de paso muchas lesiones por contusiones casi insalvables dado el pobre concepto del marcaje que se está utilizando.

            Hoy, en una televisión, vi el partido de féminas entre Real Madrid y Real Sociedad. En un momento dado, el narrador airea que una jugadora madridista toca el balón y pondera: “¡Que buen centro… Pero, es que no había nadie para rematar!”. La regla de tres del pensamiento lineal más elemental nos lleva a esta conclusión: Y si no había nadie, ¿para que ha centrado? Estas cuestiones siguen repitiéndose múltiples veces en tantos partidos que se celebran en un fin de semana. No digamos cuando escuchamos en un partido de profesionales que Menganito falló el tiro porque le dio “con la pierna mala”. O sea, con la “pata de palo”.

            El fútbol se está propagando en unos términos poco edificantes. Nunca habíamos descubierto como ahora que “lo importante es ganar”. Tan solo. Y se escabullen los medios de comunicación en establecer un orden, una jerarquía de valores, estableciendo permanentes relaciones de “causa-efecto”. Si no jugó Fulanito y el equipo perdió, está claro por qué perdió; si sale Zutanito al campo y el equipo logra ganar ya sabemos quien es el mago. En “Champions League” jugaron Manchester United contra Villarreal. Los castellonenses jugaron un estupendo partido y llevaban el marcador a favor, luego le empataron y acabó perdiendo por un gol de Cristiano Ronaldo. Apenas este jugador se le vio en el partido, pero con su proverbial oportunidad acabó marcando el gol de la victoria. Algunos madridistas se acordaron de que, contra el “Scheriff” moldavo, hubiera sido la solución definitiva. O sea, que Florentino Pérez metió la pata hace años por dejarlo marchar y obtener 100 millones de euros. Una vez más, la relación “causa-efecto” con la que nadie se equivoca en este mundillo futbolístico.

            Me gusta ir contracorriente en ciertas opiniones de fútbol que parecen dogmas, sobre todo si lo dice un “Sanedrín” periodístico que se jalean entre ellos a ver quien dice la más gorda. Las razones por las que el Real Madrid perdió en “Champions League” son variopintas, casi mesiánicas. Pero yo tengo una reflexión de Cruyff que me ayuda a ser más consecuente, más tolerante y reservarme en los ataques de frustración de los mal perdedores: "Hay muchos que pueden decir que un equipo juega mal. Hay pocos que puedan decir por qué juega mal. Y hay poquísimos que puedan decir lo que hay que hacer para que juegue mejor".