Guterres toca la alarma

Si no reaccionamos, el fin se acerca, dice Guterres. O, mejor dicho, nosotros nos acercamos a él, como en el chiste de Franco:

–  La República nos llevó borde del abismo. Con el Movimiento hemos dado gran paso adelante…

En serio: ¿Pecó de alarmista el discurso de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, el pasado día 21, en la inauguración anual de la Asamblea? Desde luego, la obertura no pudo ser más dramática:

– Estoy aquí para tocar la alarma. El mundo debe despertar. Estamos al borde de un abismo y marchamos en la dirección equivocada. Nuestro mundo no ha estado nunca más amenazado o más dividido…

Habló luego de “una cascada de crisis”: el Covid, el cambio climático, los conflictos políticos y bélicos, la desinformación y la desconfianza crecientes entre las personas y los pueblos. “La solidaridad –añadió– está ausente justo cuando más la necesitamos”.

¿Es alarmista este discurso? Creo que no. Es más, viniendo de donde viene habría que darle el mayor crédito intelectual, moral y político.

No es alarmista porque se basa en datos objetivos. Por ejemplo, respecto de los compromisos de la conferencia de París sobre el clima (2015) ocurre que en vez de haber una reducción progresiva de los gases GEI hasta aminorar el 45 % en 2030, hemos estado aumentado un 16 % en los últimos cinco años.

Además, coincide su opinión con la de otros organismos. En materia de cambio climático, con la AEMET, sin ir más lejos. (El IPCC, como se sabe, depende de la propia ONU y en él se basa el discurso de Guterres) Y, en un enfoque más en general, el Consejo de científicos atómicos norteamericanos, al poner al día el “reloj del juicio final” (Doomsday clock) a principios de este año, hacía un bosquejo muy similar al de la ONU, subrayando también lo que llama “la corrupción de la esfera de la información”, o sea, la proliferación de noticias falsas, que agravan los problemas de la humanidad al propiciar respuestas irracionales. Pues lo que unos y otros piden es precisamente que tomemos conciencia y actuemos responsablemente. De otro modo, las crisis y las epidemias serán cada vez peores y… ¿quién sabe lo que puede ocurrir? Yuval Harari, recuperando la veta profética de su cultura tradicional, anuncia que la próxima pandemia será mucho peor si no corregimos el rumbo.

La ciencia ficción hace mucho que imaginó el fin del mundo en variados escenarios. Isaac Asimov dedicó un libro entero, “Las amenazas de nuestro mundo” (el título inglés es más sugestivo: “Catástrofes a la carta”), a examinar qué factores tienen la posibilidad de acabar con el Planeta y con la humanidad, desde el aumento de la entropía hasta el colapso del sol o el impacto de un meteoro, desde el trastorno climático hasta los movimientos traumáticos de la corteza terrestre (volcanes, terremotos, deriva continental), sin olvidar los posibles efectos de una guerra nuclear. Se trataba de un libro de divulgación, pero Harland Ellison, el más imaginativo de los autores de la Nueva Ola de la SF de los años 60, imaginó un fin del mundo en el que

“…la voz del último hombre se mezclaba con la de la Tierra, que gritaba con dolor infinito porque su carne había sido violada, sus ríos se habían convertido en arterias de polvo, sus gráciles colinas y verdes campos se habían transformado en cristales y cenizas...”

(“El pájaro de la Muerte”)

(Foto: Antonio Guterres. Europa Press)