Disminuir los riesgos, III parte

Ciertamente, hablar de forma indirecta crea una barrera para una comunicación,  no es todo. Aprender cómo hacer amigos  forma parte esencial del crecimiento, la amistad, requiere siempre asumir riesgos. Cuando hay problemas, grandes o pequeños, se requiere valentía, saber escuchar lo que la otra persona tiene que decir. Aprender a trenzar puentes, forma parte de la amistad y hace que esta  sea divertida, emocionante y también aterradora. Parte de la autoestima saludable es saber cómo decir lo que piensa y siente, incluso cuando no está de acuerdo”

Si la amistad se lleva a cabo en línea, en un contexto despojado de muchos de los aspectos personales, y a veces intimidantes,  que con lleva la comunicación. Resulta  fácil mantener la defensa alta cuando envías mensajes de texto, por haber menos en juego: No estás escuchando o viendo el efecto que tus palabras causan en la otra persona. Debido a que la conversación no  se está produciendo en tiempo real, cada parte puede tomar el tiempo que considere oportuno a fin de dar una respuesta. No es de extrañar que los niños digan que llamar a alguien por teléfono es “demasiado intenso”; requiere una comunicación directa y si no están acostumbrados, pudiendo sentirse atemorizados. Si los niños no practican la relación con otras personas, satisfaciendo sus necesidades en tiempo real, muchos se convertirán en adultos ansiosos. Y las negociaciones sociales se volverán riesgosas a medida que la gente envejece.

El síndrome del impostor

El otro gran peligro que proviene de que los niños se comuniquen de forma indirecta: “Enviar todo tipo de mensajes que ni en broma pensarían decirle a nadie a la cara”  Son más sensibles a este tema las niñas, a quienes no les gusta estar en desacuerdo con sus amigas en la “vida real” por lo cual no dudan en mentir o adulterar la verdad a fin de no poner el  peligro la relación de RRSS.

 Las niñas se socializan más,  para compararse con otras niñas, para desarrollar sus identidades, lo que las hace más vulnerables”. A menudo la falta de autoestima es la culpable. “Olvidamos que la agresión relacional proviene de la inseguridad al sentirse mal con uno mismo, naciendo  el deseo de derribar a otras para estar feliz, aunque sea de forma aparente”.

La aceptación entre iguales es  muy importante para los adolescentes. Agregar  el hecho de que hoy obtienen datos de encuestas sobre cuánto les gustan o sobre su apariencia, a través de apretar el botón “me gusta”. Es suficiente para entrar en baja estima. ¿Quién no querría verse “mejor” si puede? Entonces pueden pasar horas podando sus identidades en línea, tratando de proyectar una imagen idealizada. Las adolescentes clasifican centenares de fotos, sobre cuál publicar en línea. Los chicos compiten, empujando en la ya desinhibida atmósfera en línea. Con el advenimiento de las redes sociales se enfrentan a más oportunidades y más trampas. Cuando los niños se desplazan a través de sus muros y ven qué parecen sus amigos, hace aumentar la presión por ganar la competición. Estamos acostumbrados a preocuparnos por ideales poco prácticos tomando como imagen modelos de revistas, olvidando que estos pasan por filtros ¿Qué sucede cuando el chico de al lado también está retocado? ¿Qué pasa cuando tu propio perfil no representa realmente a la persona que sientes en tu interior? Un fracaso si tenemos en cuenta que la adolescencia,  son los años en los cuales creen que es quien  no es”,  surge  entonces el  síndrome impostor. A medida que envejeces adquieres más dominio, y comienzas a darte cuenta que en realidad eres bueno en algunas cosas y en otras la brecha, se estrecha. Imagine que su miedo más profundo y tenebroso es que no sea tan bueno se describen, y necesita todo el tiempo para acomodarse al perfil marcado. Agotador.

Recordar que la autoestima nace de la consolidación de lo que realmente eres”. Cuantas más identidades tengan, y cuanto más tiempo pase adulterando la realidad, más difícil resulta sentirte bien consigo mismo.

Otro gran cambio que ha llegado con la nueva tecnología, y especialmente con los teléfonos inteligentes. Los niños actualizan sus estados, comparten lo que están viendo, escuchando y leyendo, tienen aplicaciones que les permiten a sus amigos conocer su ubicación específica en todo momento. Incluso si una persona no está tratando de mantener a sus amigos actualizados, nunca estará fuera del alcance de un mensaje de texto. El resultado es que los niños se sienten hiperconectados. La conversación nunca debe detenerse ya que para ellos siempre sucede algo nuevo.

Independientemente de lo que pensemos sobre relaciones iniciales nunca consolidadas, nunca obtienen un descanso, produciendo  ansiedad:  Todos necesitan un respiro, tiempo a solas, para reorganizarse, reponerse o simplemente relajarse y conocerse. Cuando no lo tienen son terreno fértil para que la ansiedad y depresión, en demasiados casos ya está encendida la luz roja.

De igual modo, es sorprendentemente fácil sentirse solo en medio de esta múltiple engranaje conectivo. Todos tienen teléfonos, responden a cosas sin importancia con rapidez, de modo que cuando esperan una respuesta y esta no llega, el silencio puede ser ensordecedor. “En los viejos tiempos, cuando íbamos a romper, antes había conversación y discusión, hoy desaparece de la pantalla y jamás vuelven a saber del que se hacía pasar por “tu mejor amigo” Llegando a sentirse culpables por no dar la talla Incluso cuando la conversación termina, están en constante estado de alerta