Manolo Villalaz

La semana pasada retomé este “charro” con música y alegría. Hoy me van a disculpar, pero tengo que despedirme de un amigo, de uno de esos hombres machadianos “en el buen sentido de la palabra, bueno”

Ya no habrá más llamadas para consultar esas “dudas” lingüísticas en las que sé que nunca te convencieron del todo mis respuestas, porque estos académicos de ahora –honor que me hacías al incluirme en tan selecto grupo– éramos demasiado no sé si permisivos o condescendientes.

Nos conocimos tarde pero nos hicimos amigos; desde mi juventud, para ti, encontramos esa coincidencia en tu lema cuasi heráldico que parafraseo: “tengo ojos para leer, mente para pensar y recordar… y puedo darme mis paseos y cuidar mis plantas, ¿qué más puedo pedir?”; supe de tus años en el Helénico, en la SEP… y disfruté de tus charlas con el grupo “de los intelectuales” como nos dice Carmen, tu hija, integrante de esa banda “aunque no se explique por qué”.

¿Qué habrán sido, diez, quince años de conocernos? Tampoco está mal, años de disfrutarnos, de alegar y reírnos, con una mesa, algún trago y, sobre todo, la amistad de por medio.

Eso recordaba cuando me dolía como propio el llanto de Carmen y los tuyos que ya te echaban de menos ahí, de cuerpo presente.

Es lógico, amiga, pero no: Carmen, cada vez que nos juntemos, alegaremos y nos reiremos como siempre, hablaremos de la lengua, te meterás conmigo, con el tío y con mi pastor, hasta con el bueno de Ernesto; y probablemente nos burlaremos, otra vez, de esos martinis raros que, si los hubiera pedido James Bond, habría terminado ganando Spectra. Te aseguro que ahí estará “el Villalaz bueno”, como te decía, yo, para hacerte rabiar.

Ya me despido, querido amigo, recordando nuestra penúltima charla, que fue breve: me llamaste para agradecernos haber asistido a la boda; ya ves, la alegría y el dolor nos juntaron con una semana de por medio.

Fue la penúltima, bien lo digo, porque la última la tuvimos el domingo, cuando me pasé la misa del funeral –Dios me perdone– “hablando” contigo, como siempre, sobre eso de que en Gayosso llamen “capilla ecuménica” a una llena de vírgenes y crucifijos; citando al tío Gabriel, algo no muy correcto… por mor de la precisión.

Seguiremos así de mam… de pedantes, para algunos, para que Carmen pueda seguir quejándose de nosotros.

Querido Manolo, ve con Dios… o con el ser supremo de tu preferencia.

 

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