Borregas y borregos 

El otro día, paseando por el campo, me topé con una imagen bucólica e idílica que me dejó paralizado en mi contemplación durante unos momentos. Era un rebaño de ovejas, con su pastor y sus perros. Por un lado podía escuchar los balidos de esas adorables criaturas mezclándose con el tintineo de las campanillas al cuello de alguna de ellas, el ladrido de los perros y las voces del pastor. Con la vista, pude ver el blanco y marfil de la lana de las ovejas, incluso el negro de alguna de ellas, con el fondo del verde del campo, mezclado ya con los tonos ocres y marrones del inicio del otoño. Y con el olfato, ¡ay, con el olfato!, podía oler a las ovejas, a la tierra, a la humedad del suelo…. ¡Todo fue un festival de los sentidos! Y cuando se pasó este momento casi de éxtasis pastoril, me dije a mí mismo: ¡Yo no quiero ser oveja, ni borrego, ni borrega!

Pero lo cierto es que me da la sensación que estamos entrenados para ser borregas y borregos. Alguien (con intereses económicos, claro), dice que esta temporada hay que vestir de estos colores y con este tipo de bufanda, pues ¡a seguir la moda!, alguien nos dice que la música que mola, la última, la superguay es la del reguetón de tal, o las baladas de cual, ¡pues es la música a escuchar!, alguien dice que ahora hay que comer así o asá, que hay que beber así o asá, que eso es lo más in, lo más cool….¡pues a comer y beber lo de todos! Y así con casi todo, desde el móvil a llevar, las series a ver, el libro que leer, el deporte que seguir…. incluso con la imagen de mí mismo y de mi cuerpo o la ideología que tener…

En nuestra cultura popular está marcada como a fuego ese dicho de: “¡Siempre se ha hecho así!” que es respondido con vehemencia ante alguien que quiere innovar, proponer caminos distintos, mejorar algo…. Y como siempre se ha hecho así, pues lo seguimos haciendo así, aunque sea una pérdida de tiempo o ineficaz. Lo importante, nos dicen los gurús del inmovilismo, es que siempre se ha hecho así y por eso hay que seguir haciéndolo así. Y digo yo….¿desde cuándo se ha hecho así? ¿Desde las cavernas, desde los romanos….desde hace cinco años….?

Lo cierto es que nos movemos cómodos en el rebaño de la mediocridad, del no destacar, de no buscar problemas…. A mucha le gente le gusta tener un jefe o jefa que le digan lo que tiene que hacer y punto. Tenemos una sociedad llena de empleados, familiares, creyentes, ciudadanos….que prefieren hacer lo que haga la mayoría, sin complicaciones, sin líos…. sin cuestionar, sin preguntar, en definitiva, sin rechistar. Ser buenos mandados y no dejar de usar el mantra “A mí lo que me digan que haga, hago”. A veces esto no es tan descarado y se disfraza de una libertad rompedora cuando compramos tal producto o somos fans de tal señora o señor. Pero en el fondo, es la misma piel del borrego.

A mí personalmente me gusta más la gente que es más león que borrego, y que se atreve a cuestionar, a ser distinto, a ser como ella o él quiere ser. La gente que huye del rebaño es imprescindible en esos momentos, que estamos ya muy cansados de pastores manipuladores y de borregos clonados.

No hace mucho, fui a una tienda de ropa de niños para comprar un regalo al bebé de unos amigos. Al entrar en la tienda, la dependienta me preguntó si el bebé era niña. “Sí”, le dije. Y me llevó a una zona donde toda la ropa era de color rosa, llena de bolitas, pompones, vuelos…. “uf”, pensé. “¿No hay otro color? “ Y la dependienta, extrañadísima, me soltó la homilía de que el rosa es un color para las niñas, que es lo más indicado, que todo el mundo lo lleva…Yo, después de agradecerla su gran conocimiento del rosa, me marché a otra tienda. ¿Por qué el rosa es de niñas? ¿Qué tienen que ver los colores con el género? ¿Quién decide eso por mí?

Los partidos políticos, las grandes empresas de comunicación, de publicidad, de marketing….conocen muy bien nuestra tendencia al borreguismo, no hay duda. Así les va de bien, y así nos va a nosotros, conformados con comer, dormir y alguna que otra alegría al cuerpo. Sin cuestionar, sin ser críticos, sin deseos de conocer, profundizar, llegar al fondo, experimentar por nosotros mismos….incluso con ese miedo petrificado de equivocarnos.

Necesitamos más leones y leonas, inconformistas, buscadores, críticos, con más argumentos que voces.

Y yo, cuando vuelva a ver un rebaño, seguiré dándome un festín con mis sentidos, pero espero que nada más. Ni nada menos.