La Contaminación es más dañina de lo pensado.

Parece que poco a poco vamos acercándonos a la recuperación de la normalidad anterior a la pandemia. Y, mascarillas aparte, podemos estar clonándola. Desde luego la movilidad urbana vuelve a llenar las calles de coches como si nada hubiera pasado, incluso aventuraría un aumento en su número. La Semana de la Movilidad ha sido tan anodina como cualquiera otra anterior. Con un “Día sin ni coche” lleno de indiferencia, incluso olvidaron poner carteles de Autobús Gratis.  

Hace poco las Naciones Unidas, a través del correspondiente informe del IPCC, manifestó la seguridad absoluta de estar la mano del hombre detrás del Cambio Climático. Y la certeza de que las cosas van a peor si no se hace nada drástico. Esta semana la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró la Semana de la Movilidad publicando sus nuevas directrices sobre los niveles de contaminación del aire. Las únicas recomendaciones científicamente reconocidas a nivel mundial sobre la calidad del aire que respiramos, cuyo cumplimiento reduce significativamente los riesgos para las personas.

Cuadro extraído del nuevo “WHO global air quality guidelines”. Compara los niveles de 2005 con los de 2021 (a la derecha)

Según la nota de la OMS “La contaminación del aire es una de las mayores amenazas ambientales para la salud humana, junto con el cambio climático. Mejorar la calidad del aire puede mejorar los esfuerzos de mitigación del cambio climático, mientras que la reducción de emisiones mejorará a su vez la calidad del aire. Al esforzarse por alcanzar estos niveles de referencia, los países protegerán la salud y mitigarán el cambio climático global.” Recordemos que la contaminación también mata a mucha gente cada año, unas 10.000 muertes atribuidas en Castilla y León.

Cuadro de la noticia en la web del Instituto de Evaluación Ambiental e Investigación del Agua del CSIC. Compara niveles de 2005, de 2021 y los marcados por la directiva europea correspondiente (en verde).

Luego añade “Desde la última actualización global de 2005, ha habido un marcado aumento en la calidad y cantidad de evidencia que muestra cómo la contaminación del aire afecta diferentes aspectos de la salud.” Por ello, los nuevos niveles son más estrictos. Por ejemplo, la concentración anual recomendada de dióxido de nitrógeno (NO2), un contaminante tóxico cuya principal fuente en las ciudades es el tráfico motorizado, ha pasado de 40 a 10 µg/m3 (microgramos por metro cúbico). Las partículas inferiores a 2,5 micras (PM2,5) –las más dañinas para la salud–  baja de 10 a 5 µg/m3, cuando la normativa permite 20 µg/m3. Los nuevos umbrales hacen que los datos de Salamanca para 2020 los superen varias veces, y los de 2019 desmientan la tan cacareada por el Ayuntamiento magnifica calidad del aire.

La crisis de la COVID-19, que relativiza los datos de 2020, ha demostrado que la reducción estructural del tráfico motorizado y los cambios en las pautas de movilidad son la mejor herramienta para rebajar la contaminación del aire. Por ello los ayuntamientos, para proteger la salud de su ciudadanía, deben tomar medidas decididas y cuanto antes. Como implantar de forma rápida y ambiciosa las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), obligatoria antes de 2023 por la Ley de Cambio Climático. Según los expertos, primos aparte, reducir de forma drástica el tráfico urbano es el camino en el espacio urbano. Esperar a ver si alguien subvenciona la ZBE, como sugiere nuestro Ayuntamiento, es hacerse trampas en el solitario o esconder la cabeza en el suelo.