Con sus hechos se retratan

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La actividad política española sigue, como siempre, movida e instalada en la senda de la confrontación infame de políticos trogloditas que se alimentan de la raíz más reaccionaria de nuestra historia y que no reconocen la legalidad vigente, no aceptan que haya leyes que garanticen derechos sociales de los ciudadanos: regulación de la interrupción voluntaria del embarazo (como en todos los países más avanzados del mundo), ley de matrimonio igualitario o de la regulación de la eutanasia. Normas jurídicas que a nadie obligan a abortar, que no destruyen matrimonios entre personas de diferente sexo ni la familia tradicional ni obligan a terminar con la vida de personas con enfermedades terminales e irreversibles sin consentimiento expreso de las mismas y de sus familiares. Para esta derecha -la más reaccionaria y ultramontana de los países de nuestro entorno- todo lo que no está prohibido parece que es de cumplimiento obligatorio. Así ocurre desde la restauración de nuestro sistema democrático del 78, siempre en contra de la regulación de estos derechos; también lo hizo en su día con la ley de divorcio de 1981 y, posteriormente, con la conocida como “divorcio express”, de 2005.

 

La última escenificación de que la derecha de Casado se alinea con los postulados de los ultras la han protagonizado en el Parlamento Europeo, en el que los 13 eurodiputados del PP no han apoyado la resolución de la Eurocámara que ha solicitado que se definan los crímenes de violencia de género como un nuevo ámbito delictivo, es decir, los eurodelitos, entre los que se encuentran los de terrorismo y los de corrupción. La resolución se aprobó con 427 votos a favor, 119 en contra y 140 en blanco. 12 eurodiputados del PP se abstuvieron y 1 votó en contra, igual que los 4 de Vox, que votaron en contra. Esta es la defensa que hacen el PP y Vox de las mujeres víctimas de violencia de género.

 

            Las contradicciones de esta derecha son evidentes en todos los aspectos de la vida política. Por un lado, aprendieron de memoria -como cuando en la escuela franquista nos obligaban a aprender las clases de memoria sin saber lo que recitábamos, como loritos- la cantinela de “defensa de la constitución, de la ley, del Estado de Derecho”, para cuando les interesa y, por otra, se declaran objetores de conciencia para el respeto a la ley en materias que no les son de su agrado. Incumplen la ley vigente para la renovación del Poder Judicial sencillamente “porque les da la gana y quieren que siga habiendo una mayoría conservadora”, se pasan por el “arco de triunfo” la ley 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo en relación a la objeción de conciencia de los sanitarios que no quieren practicarlo. En efecto, la ley reconoce esa objeción de conciencia pero, a continuación y como no podía ser de otra manera, la colisión entre el derecho de la mujer a que le practiquen un aborto consentido y la objeción de conciencia debe resolverse a favor del derecho de la mujer, porque la ley establece ese reconocimiento a la objeción de conciencia pero “sin que el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabadas”.  

 

A este respecto, las declaraciones de Ayuso en la Asamblea de Madrid, como siempre, además de reaccionarias, son ignorantes, porque el reconocimiento del derecho de la mujer a decidir voluntariamente si quiere continuar con su embarazo o no, debe respetarse siempre y no puede decir, como le dijo a la diputada de Más Madrid, Mónica García, que un médico “empezó a estudiar medicina para salvar vidas y no para hacer lo contrario”. Desconoce Ayuso, por tanto, la Jurisprudencia del TC, sentada en varias sentencias (entre las que se encuentran la 53/1985 o 116/1999), en las que se señala claramente que aunque el nasciturus es un “bien jurídico merecedor de protección”, continúa diciendo que “los no nacidos no pueden considerarse en nuestro ordenamiento como titulares del derecho fundamental a la vida que garantiza el artículo 15 de la Constitución”. En consecuencia y debido a esa “autodeterminación consciente” de la mujer a la hora de tomar libre y voluntariamente la decisión de interrumpir su embarazo -porque, no olvidemos, hay una colisión de intereses a la que hace alusión la STC 53/1985- el derecho a la vida, libertad y dignidad de la mujer tendrá carácter prioritario al de la vida en formación, siempre que la decisión libre de interrumpir el embarazo se haga en momentos determinados, en unos plazos, que el legislador ha considerado razonable durante las 14 primeras semanas, puesto que la protección del feto es gradual y tendrá más protección según avance el estado de gestación de la mujer. Todo ello, amparado también en el libre desarrollo de la personalidad, en este caso de la mujer, reconocido en el artículo 10 de la CE.

 

            Pero no sólo parece desconocer esto Ayuso, sino también los diputados de Vox que el pasado día protagonizaron un espectáculo lamentable en el Congreso de los Diputados. En primer lugar, el diputado ultra conservador José María Sánchez, que insultó, en sede parlamentaria, a una diputada del PSOE, Laura Berja, llamándola “bruja”, cuando ésta defendía la reforma del CP para que se penalicen conductas de acoso permanente por ciertos grupos ultras a las mujeres que deciden libremente abortar. Este diputado y ante las constantes interpelaciones del vicepresidente del Congreso de los Diputados, no retiró los insultos, le expulsaron pero no salió del hemiciclo. Algo inaudito. En segundo lugar y posteriormente, esta actitud displicente, soberbia y arrogante la tuvo también la diputada de Vox, Macarena Olona, cuando una periodista le preguntaba por el incidente, encarándose con ella al mejor estilo de los interrogatorios que históricamente hacía la Santa Inquisición.

 

            ¿A qué se debe toda esta ignominia de los políticos conservadores españoles? ¿Por qué la derecha española es la más reaccionaria, ultramontana, atrabiliaria y montaraz de la Europa occidental? Muy fácil, porque desean estar siempre en el poder, por las buenas o por las malas, porque lo consideran suyo, parte de su cortijo en el que se han movido ellos y sus familiares a lo largo de la historia. No aceptan que “los perroflautas comunistas, chavistas, bolivarianos y bolcheviques” dirijan los destinos de los españoles.

 

            No estaría mal que copiaran de la elegancia, la sensatez, y la visión de Estado y de Europa que tienen, por ejemplo, los conservadores alemanes de la CDU de Ángela Merkel -como los grandes políticos que han trabajado por la construcción europea, Willy Brandt, François Mitterrant, Helmut Khol, Margaret Thatcher o Felipe González- que ha gobernado en coalición con los socialdemócratas, pactando siempre, construyendo, uniendo -no disgregando y escupiendo odio hacia el adversario- y teniendo muy claro que, en ningún caso, pueden dar alas a la ultraderecha estableciendo, entre todos, un cordón sanitario hacia ellos. ¡Que aprenda Ayuso de la conducta política de Merkel!