"Papá, ¿por qué somos del Salamanca?"

El periodista Pablo Acebo, de COPE Asturias, muestra su opinión en la sección de este medio con colaboradores sobre el conjunto charro

Un aficionado, calado por los aspersores del Helmántico / Lydia González

Desde hace tiempo he dejado de buscar explicaciones racionales a decisiones sin razón. Uno de los caminos menos sesudos que tomamos por lugar de nacimiento, por tradiciones familiares ancestrales o por jugadores que llenan de ilusión nuestra infancia es el de elegir a nuestro equipo de fútbol. Los motivos por los cuales escogemos nuestros colores se abrazan a la geografía, la tradición o la mística; en rara ocasión muestran apego por la razón. Con más motivo si eres del Salamanca.

Ese buen hombre que ilustra estas líneas, calado hasta los huesos por diabólicos aspersores, es el vivo retrato del seguidor del Salamanca. Los resultados deportivos no son los mejores, la gestión está lejos de ser la ideal, el vecino te mira por encima del hombro y el Helmántico ya ha posado para sus mejores fotos. Si ser del Salamanca dependiera de argumentos racionales hasta el mismísimo Lovato entonaría el "¡U-NIO-NIS-TAS!" en El Zurguén.


Ese meritorio caballero que aguanta el chaparrón ha visto de todo desde su helmántica butaca. Ducharse dos veces en un día no será motivo suficiente para quebrantar su particular acto de fe.

Al seguidor del Salamanca le importa un pimiento qué es One Fence o si el número del DNI coincide con el de la Unión. Al seguidor del Salamanca le dan lo mismo las investigaciones de balcón o las matracas engendristas. Al seguidor del Salamanca le mueve la esperanza.

Esperanza de volver a contemplar un Helmántico hasta la bandera, del regreso de grandes aficiones persiguiendo a sus equipos, de observar el escudo representativo de su tierra lucir por todo el territorio nacional. De sentir orgullo, después de tanto, con su irracional elección.

Fuerza, blanquinegros. Nunca llovió que no escampara.