No ha llegado el día 

Más de una vez, he proclamado mi condición de cristiano comprometido. Como tal, lo mismo que me encomiendo al Señor cuando me veo en apuros, también me gusta agradecérselo cuando he sido escuchado. Desde niño me explicaron muy bien eso de que de bien nacidos es ser agradecidos y, ya de adulto, me gusta ponerlo en práctica. Los cristianos, cuando tenemos un problema, nos gusta encomendarnos a todos los santos, pero, una vez solucionado, nos olvidamos de dar las gracias con demasiada frecuencia.

 El pasado día 17, mi corazón, algo cansado, dio muestras de sufrir una especie de “calentón” y tuve que ingresar en el hospital. Allí se me trató con exquisita profesionalidad y el máximo cariño. Una vez que estaba todo en orden, me han puesto el correspondiente tratamiento y dado se alta. Porque Dios lo ha querido así, se ve que no ha llegado el momento de presentar mis cuentas; tal vez, porque no están bien justificadas y debo seguir ajustándolas a lo mandado.

Escribo estas líneas, no para informar de mi persona puesto que no soy ningún personaje público, sencillamente quiero justificar el motivo por el que, el pasado día 20, no salió mi artículo de todos los lunes, a pesar de que lo tenía in mente. Así pues, hasta el lunes.