¿Cómo son nuestros jóvenes? ¿Qué piensan? ¿Cómo viven este presente?

En mis dos artículos pasados sobre la infancia y adolescencia, las personas mayores y el año y medio de pandemia, no tuve ninguna dificultad, ni con la infancia, ni con las personas mayores, en evocar una imagen representativa de ellos. Constaté que conozco lo suficiente a estas dos poblaciones como para escribir sobre ellos con generalizaciones válidas, basadas en datos objetivos y en mi experiencia personal.

Pero no es así a la hora de proponerme escribir sobre la/os jóvenes (protagonistas sociales en el inicio de la quinta ola, que felizmente está finalizando) y el túnel de la pandemia. No tengo ninguna imagen unitaria, en mi mente, sobre la juventud actual en nuestro país. Como si me preguntara a mí mismo ¿a qué jóvenes te refieres?

¿A los que ves en las cafeterías y terrazas, trabajando de camareras/os, muchas horas diarias, viendo sus rostros cansados? ¿O a los grupos sentados en la mesa de una terraza, bebiendo cerveza, con la mascarilla al lado, charlando relajados, como cualquier día de fiesta? ¿O a esos solitarios paseantes, o corredores, o ciclistas, que pasan veloces delante de ti, como si fueran a buscar ansiosos el premio al mejor deportista? ¿O los sentados cada día en el banco del parque, porque en el paro no hay ningún horario laboral? ¿O a la/os estudiantes que esperan a las puertas de la facultad esa excepcional clase presencial que les recuerda que ese día se parecerá a un día “normal”?

¿A qué jóvenes nos referíamos cuando echábamos la culpa del aumento de los contagios, antes del verano, a esos jóvenes que no se habían vacunado y no eran responsables ni prudentes, con sus peligrosos  botellones nocturnos?

La impresión que da la gente joven, en la actualidad, es que no se pueden agrupar en la categoría de “juventud” con características similares; hay tantas diferencias de vivencias, circunstancias, opiniones y conductas entre ellos que predomina la individualidad, el sujeto único, sobre lo común de la edad: algunos han sucumbido a la angustia que ha rodeado la vida durante la pandemia, otros han aprovechado el tiempo con creatividad y paciencia, otros se han llevado sustos que han pasado solitarios en sus casas, (dos semanas de temor y esperanza en que los extraños síntomas pasaran), otros no han tenido paciencia de seguir cuidando la relación amorosa, o la amistad, otros han pasado rachas tranquilas y rachas inquietantes que han podido superar. Demasiada variabilidad de modos de pasar la epidemia, como para responder a la pregunta: ¿cómo han pasado los/las jóvenes este año y medio?

La juventud posee una característica, que no poseen ni los niños, ni los adolescentes, ni los mayores: la plasticidad unida a la suficiente conciencia de lo que ocurre a su alrededor, le da una capacidad de reflejar a toda la sociedad, más fiel que ningún otro grupo de población: los niños aún no han empezado su camino solitario, los mayores ya lo han finalizado consiguiendo la consistencia que da la experiencia. Solo los jóvenes reflejan el individualismo, la falta de seguridad de nuestra sociedad, lo inconsistente de las instituciones, la dureza de la lucha por un empleo digno, las dificultades de crear un sólido vínculo de pareja, que pueda hacerse cargo de la crianza y educación de los niños.

Como si nos dijeran: ¿Queréis saber cómo es esta sociedad? Miradnos a nosotros. Pues cuando nosotros os observamos a vosotros, los adultos…no entendemos nada.