Pensar y vivir la agricultura 

En gran medida, la tierra es la fuente de sustento de toda la humanidad. De ella obtenemos los alimentos para vivir y en ella se realiza y dignifica el trabajo de hombres y mujeres. Algunas tribus indígenas hablan de la Pachamama, palabra compuesta en la que pacha es la tierra y mama es la madre. Luego, la madre tierra nos alimenta.

Acaba de pasar el 9 de septiembre, celebrando, en todo el mundo, el Día de la Agricultura. Momento que nos recuerda la necesidad, por merecida, de honrar a la agricultura, actividad primigenia, milenaria, así como a su ejecutor necesario, el agricultor. Felicitaciones pues y en primer lugar a todos los agricultores, mujeres y hombres del campo que nos dan de comer. Con su trabajo y dedicación nos ofrecen los alimentos que consumimos, principal y vital fuente de vida para el ser humano.

Los agricultores, personas abnegadas que cada mañana lo primero que hacen es mirar al cielo, porque la conciencia les reclama aquella frase que ellos tanto pronuncian y que con frecuencia yo escuchaba cuando, siendo niño, me costaba entenderla, por la inmensidad de su contenido: “aquí, siempre pendientes de lo que haga el tiempo”. La climatología, esa fuerza mayor, que se sobrepone a la labor del agricultor, condicionando el fruto de su trabajo y esfuerzo.

Pensar en la agricultura es dibujar todo un proceso que comienza con la elección de las tierras para según qué tipo de cultivo, roturar o preparar el suelo, abonar, elegir la simiente, sembrar, cuidar la evolución y salud de la planta, cosechar y poner el fruto en camino para satisfacer paladares y necesidades alimenticias. Pensar en la agricultura es cultivar la tierra día a día en beneficio de la Humanidad.

Si existe la agricultura es gracias al agricultor, un binomio inseparable, porque, ser agricultor es amar la tierra y cuidarla como a la madre que nos amamanta. Ocupación digna donde las hayas. Ser agricultor es mucho más que una profesión. Es el compromiso de dedicar tu vida a hacer productivo nuestro suelo, con pasión y responsabilidad, facilitando la alimentación de la población y el desarrollo de un país o región.

La actividad agrícola es también uno de los pilares de la economía.  El sector agrario, la industria agroalimentaria y las actividades ligadas a ellas en los ámbitos de la industria y de los servicios, el transporte, almacenamiento y distribución, configuran el sistema agroalimentario, cuyo peso en la economía española es muy superior al que se deduce de la cuantificación estricta del Valor Añadido Bruto (VAB, es una magnitud macroeconómica que mide el valor total creado por un sector, país o región) generado por el sector agrario y por la industria agroalimentaria. Según el informe “La contribución del sistema agroalimentario a la economía española: una propuesta metodológica” Análisis y Prospectiva - Serie AgrInfo nº 23, editado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el VAB del sistema agroalimentario supone alrededor del 8,4% del VAB total de la economía española y estaría generando unos 2,3 millones de empleos.

Pero su labor va más allá de los números, porque, si el campo no produce, no viven ni los pueblos ni las ciudades. El trabajo en la agricultura y la ganadería se ha puesto de manifiesto como fundamental durante la pandemia. Tan es así, que mientras que el Producto Interior Bruto (PIB) general caía el 11% durante el 2020, el de la agricultura y la ganadería creció un 4,7%.

Los aportes, cambios y avances que la agricultura ha hecho a lo largo de los siglos han situado al sector como la actividad por excelencia, para sustentar y favorecer el desarrollo de las naciones. Pero no menos importante ha resultado su papel en los tiempos de pandemia, donde los agricultores se han comportado como auténticos héroes, inasequibles al desaliento, trabajando incansablemente para que la cadena de suministro a la población confinada no se interrumpiera.

El campo se ha modernizado en las últimas décadas con la incorporación de todo tipo de avances. Especialmente en mecanización, modernización del riego y la implantación generalizada de las nuevas tecnologías en los sistemas de procesado y comercialización. Caminando hacia una nueva agricultura, más sostenible y respetuosa con el medioambiente, más ecológica y saludable.

Es de justicia destacar y reconocer a la agricultura y al agricultor, no sólo su dedicación y esfuerzo, también su capacidad de adaptación a los cambios, la respuesta positiva a los requerimientos del mercado y su apuesta por la seguridad y sostenibilidad alimentaria. 

Una vez más, el 9 de septiembre, Día de la Agricultura, nos ha invitado a seguir reflexionando, sobre los retos que tiene el sector agrícola y los agricultores, para adaptarse al cambio climático, a las formas de producción sostenibles, a las nuevas necesidades de la población y a los hábitos de consumo de los ciudadanos.

Les dejo con Juan Luis Guerra y Ojalá que llueva café                                                             

                                                                                                             Aguadero@acta.es