Marcos, el arrebato de Morante y el arte de aplaudir

Hay aficionados que tienen el irrefrenable deseo de aplaudirlo todo
Alejandro Marcos en plena lidia de su segundo toro - Foto: Miguel Hernández

Hay cosas que uno no acierta a comprender cuando se sienta en el tendido de una plaza de toros. Y quiero referirme a aquellos que se sienten aficionados, los cuales tienen el irrefrenable deseo de aplaudirlo todo. Cuando esto ocurre en plazas de pueblos, - pues eso -, uno se sonroja o mira hacia otro lado; cuando ocurre en plazas de las llamadas importantes, uno se muere de vergüenza. Ni que decir que cada una de estas peripecias de aplaudidores y voceros, personajes singulares dentro de los ruedos, -no se dan cuenta-, pero hacen el más espantoso de los ridículos. Los primeros comienzan a aplaudir desde que salen las cuadrillas, y no paran hasta marcharse, tanto si salen a hombros, o cabizbajos por la aciaga tarde. En cuanto al vocero, este se hace oír en toda la plaza, incluso fuera de ella, pero además no cesa de hablar toda la tarde, exponiendo no solo sus juicios y opiniones, sino hasta sus sensaciones más íntimas. No piensen que estoy en contra de aplausos, ovaciones, vítores y voz sonora ¡no!.. Solo pienso que esto debe producirse cuando llegue el estímulo, la emoción y la razón de ser. Al igual que debe hacerse con la protesta – con motivos -¡Claro que cada cual tiene los suyos!.- Pues ayer y hoy, sin ir más lejos, fue una clara demostración de estos estentóreos vocingleros, que sin causa ni razón, gritan incoherencias hasta desgañitarse -en libertad- claro.

Hoy con un cartel de “postín”, con un Morante, que se ha tomado la temporada “pandémica” muy en serio, manda el escalafón con firmeza, animosidad y recuperando de la tauromaquia sensaciones, detalles y pasajes, para algunas olvidadas, otros ni saben que existieron. No será el Juli, en sus modos, quien le entregue la llave, y no será nuestro paisano y fino torero Alejandro, quien no aproveche este convite. Lo de Galache, pues ya veremos, si aquel que tuvo retuvo.

Sin duda el de la Puebla tiró del cartel y jugaba a favor de obra, saludó a su primero con verónicas de la casa. El animal se vio pronto que claudicaría y así fue. Una varita parado en banderillas lo lleva con extrema suavidad, un desarme por arriba y agónico el Galache aún se permitió alguna floritura para dar hasta seis pinchazos con dos avisos… pitos al toro y división para el torero. En su segundo, bullicioso y arrebatado, se hincó de rodillas para dos faroles y una larga. Luego instrumentó virtuosismo capoteros que enloquecieron al público, y más cuando pidió un par de banderillas que clavó arriba. Cuatro pases por alto y dos trincherillas rugieron en los tendidos. También le cantaron fandangos, o sea un completo. Desborde toreo templado no podía ser de otra manera ante una sosa y simple embestida, para un pinchazo y entera. Se pidieron las dos orejas, bien el presidente en conceder una del público, que ya pueril y desorbitado gritaba contra el palco, una eterna vuelta al ruedo y un entusiasmo creo que excesivo.


También hizo el paseíllo El Juli, que evidentemente quedó tapado, porque con estos especímenes de toros, sin resuello, no son para él. Desdibujado lanceo sin apreturas, quiso dar algún muletazo, pero se perdieron en el espacio. Mató de trasera perpendicular al primer Galache. A su segundo, después de brindar al público, lo intentó sin ton ni son siempre por la variante y no conectó nunca con la plaza. Lo deja todo para san Mateo.

Gustó y mucho Alejandro Marcos, quien fue quien a la postre puso el toreo. Manejó el capote con suavidad. Estuvo variado y en el toreo fundamental tras buena vara, brindó al público y con suavidad y templanza sacó derechazos de buen corte. Pero el empalagoso animal no daba opciones a seguir. La cosa careció de ingredientes, carentes de toda emoción, tras pinchazo media estocada se le ovacionó. Fue en su segundo, el más feo del encierro berrendo en colorao, que fue el que menos se cayó, y ofreció embestidas de calidad para que Marcos, ya desde el recibo capotero vio que tenía posibles. Y así fue. Toreo con cadencia, brindó a Morante, que lo eligió para este cartel, y mostró un toreo clásico con derechazos y naturales bien rematados, una faena con el ánimo y la disposición por bandera, trazando muy bien los muletazos. Muy firme y consistente, Marcos se fue tras la espada consciente que debía enterrarla entera y así fue: tendidita pero en buen sitio, lo que le valió para salir triunfador por la puerta del toro, en esta tarde de gritos, de tumultos de triunfalismo, donde la provincia se hizo presente. Ahora esperar a San Mateo…pues eso esperemos.

Glorieta- buena temperatura ligera brisa- Lleno
Galache nobles, flojos sin resuello ni raza.
Morante de la Puebla: división y oreja con petición de otra
El Juli: silencio y silencio
Alejandro Marcos: ovación y dos orejas