Las edades del arte

Con el hermoso título de “Lux”, prosigue el avance expositivo de ese proyecto expositivo, desde hace tiempo ya consolidado, de “Las edades del hombre”, en el que, en catedrales, colegiatas e iglesias, viene mostrando el arte religioso de nuestra comunidad autónoma de Castilla y León.

Sin duda, es una experiencia afortunada y pionera, que, después, ha sido imitada en otras comunidades autónomas y en otros diversos ámbitos de nuestro territorio peninsular.

Porque, con diversos enfoques y tomando como hilo diversos acontecimientos (culturales, históricos, religiosos), hemos ido teniendo la oportunidad de conocer y contemplar desde nuestro arte más excelso, hasta el más humilde, ese arte que se atesora en catedrales y museos catedralicios, o, también, que está ahí, como dejado de la mano de Dios, en pequeñas iglesias o ermitillas.

La génesis –y alma, en el fondo– de tal proyecto se encuentra en dos personajes que lo idearan y que lo hicieran posible, desgraciadamente ya fallecidos ambos: uno, el sacerdote vallisoletano José Eugenio Velicia Berzosa (1931-1997), y, el otro, el gran y querido escritor abulense José Jiménez Lozano (1930-2020), cuya extraordinaria y vibrante obra literaria, en diversos géneros (narrativa, poesía y ensayo), fuera distinguida con el Premio Cervantes en 2002. Dos personajes que coincidirían, se conocerían y proyectarían sus inquietudes vitales, culturales y religiosas en la localidad de Alcazarén.

La ‘Guía espiritual de Castilla’ (1984), o ‘Los ojos del icono’ (1988), son dos libros apasionantes de Jiménez, en los que se plasma una fascinante visión personal e interiorizada de nuestro arte y de nuestra tierra.

Ahora, en esta ocasión, en exposiciones que podemos contemplar, pues están abiertas en estos finales del verano e inicios del otoño, al hilo de los ochocientos años de la edificación de la catedral de Burgos, así como de la celebración del año santo jacobeo, podemos contemplar el proyecto expositivo titulado “Lux”, del ciclo de “Las edades del hombre”, en tres enclaves del Camino francés de Santiago: Burgos, la localidad palentina de Carrión de los Condes, así como la leonesa de Sahagún.

Al tiempo que mil delicias de nuestro arte religioso, podemos contemplar la catedral de Burgos, así como las iglesias de Santa María y de Santiago, en Carrión de los Condes, o las de San Tirso y la Peregrina, en Sahagún. Esto es, podemos contemplar muestras de nuestro mejor arte románico, gótico y mudéjar.

Porque nuestro arte religioso –de ahí el certero título latino expositivo de “Lux”– es iluminador, ya que, además de haber servido y seguir sirviendo para fines devocionales, da noticia del anhelo espiritual y humano de belleza y, por ello, tiene un indudable carácter humanizador y civilizador.

La visita a Burgos, Carrión de los Condes y Sahagún, para contemplar tales exposiciones, merece totalmente la pena.