¿Se van las terrazas y vuelven los coches?.

Parece que volvemos a entrever un futuro de normalidad en esta larga pandemia, con el permiso de la vuelta a la actividad escolar y en especial la universitaria. Confiemos sea distinto esta vez, y la irresponsabilidad de unos pocos no nos devuelva al principio. También espero, nunca se debe perder cierta ingenuidad, que el Ayuntamiento haya sacado conclusiones para el futuro de medidas adoptadas para mejorar la convivencia en las calles en este tiempo.

Durante largos meses se han cerrado calles al tráfico y se ha permitido instalar terrazas hosteleras en calzadas. Algo solicitado aquí desde hace años, por cierto. Para variar, hay quien se ha quejado por el aparcamiento desaparecido. Parece inevitable, a pesar de las abrumadoras evidencias acumuladas durante décadas sobre los beneficios para la actividad económica de rescatar las calles para los peatones. Pero nadie puede hablar en serio de problemas. Seguramente la hostelería querrá mantener en alguna medida la situación, y no estaría mal abrir un debate con conclusiones. Máxime cuando nuestro Ayuntamiento se ha convertido en adalid de la sostenibilidad y la ciudad sin humos.

La Calle de Van Dyck quizás sea la más emblemática. Ya el anterior Plan de Movilidad, y mantenido en el actual, proponía convertir el barrio de Salesas en zona 30, tráfico limitado con prioridad en toda la calle para peatones. A pesar de los temores iniciales, y me incluyo, la llegada al barrio de un gran Centro Comercial no ha supuesto un incremento sustancial de tráfico. Tras la experiencia durante la pandemia, sería buena idea reflexionar sobre mantener la situación e incluso exportarla a otras zonas de la ciudad.

Desde hace años el Barrio del Oeste reivindica la calle con actividades, como este Mercadillo de mayo de 2015. Va siendo hora de ganar ese espacio para el peatón de forma definitiva, no solo para poner terrazas.

Como podría ser al siempre dinámico y denso Barrio del Oeste, tan necesitado de recuperar espacio para el peatón. Su emblemática plaza no es más que un mar de adoquines para coches alrededor de una gran fuente y ridículas aceras, aunque al menos capaces de tener árboles y bancos. Y los vecinos se empeñan en cuanto pueden en ocuparla. Parece un buen lugar para plantear, desde el sosiego, la reconversión de sus estrechas calles y plazas en algo diferente a contenedores de coches. Ahora hay dos aparcamientos subterráneos públicos en el límite oeste del barrio. Desde luego hay más barrios para llenar de árboles, bancos y fuentes, tan demandados por muchos como nuestros mayores. Y no estaría de más tomarse ya en serio el maltratado, y limitado, Transporte Público e impulsarlo de nuevo. O los caminos escolares, la DGT llama a la Revuelta Sostenible al Cole. Todavía hay demasiado por hacer.

Si se apuesta por la sostenibilidad, las campañas de Savia son constantes, si se ha entendido la necesidad de combatir el Cambio Climático y la Contaminación actuando localmente con una Zona de Bajas Emisiones municipal, es inevitable caminar en esa dirección. Y el tiempo da la razón a planteamientos tan propios del movimiento ecologista, esos opuestos tanto al progreso que simplemente se adelantan al mismo. Aunque si una “Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible Integrado” como el Tormes + incluye desdoblar la Avenida del Padre Ignacio Ellacuría para el inexistente problema de “mejorar los accesos a los huertos urbanos ecológicos y la conexión de los barrios trastormesinos” quizás alguien no ha entendido todavía en qué tiempos estamos. Devolver sin más las terrazas al aparcamiento de coches no es el camino a seguir.

Imagen de una actuación “blanda” en Barcelona ganando espacio para el peatón, la ciudad de las supermanzanas.