La retirada del Plan Aliste, ejemplo sanitario de política-ficción

Solamente un miembro de la junta directiva del club de fans de Verónica Casado, o un insigne componente de la corte de agradadores de Alfonso Fernández Mañueco, con las palmas de las manos bien rojas de tanto aplaudir, podría defender que el Plan Aliste que comenzó a funcionar el 2 de marzo de 2020 se trataba de una idea genial, una fórmula innovadora o un proyecto inspiradísimo llamado a resolver los problemas de la Atención Primaria en el medio rural de Castilla y León.

Solamente alguien con el nivel de “sanchismo” en sangre igual o superior al de Luis Tudanca, que lo tiene por las nubes, o un activista de esos que limitan el uso de la bata blanca a las manifestaciones porque nadie recuerda la última vez que atendieron a un enfermo, podría sostener que el Plan Aliste que dejó de funcionar el 15 de marzo de 2020 se trataba de un atentado contra nuestros pueblos, un ataque directo a la población leonesa, castellana o lo que cada uno quiera ser, o una maniobra destinada a privatizar la Sanidad rural por estos lares.

Sí, he dicho bien, del 2 al 15 de marzo de 2020, que fueron exactamente catorce días los que duró el Plan Aliste. Lo digo con el conocimiento de causa que me otorga la circunstancia de ser médico en esa Zona Básica de Salud desde el 5 de febrero de 2015. Por esto mismo, porque se le ha dicho por activa y por pasiva a los habitantes de toda la comunidad autónoma que lo sucedido en Aliste iba a reproducirse en cada una de las comarcas, ya fueran bondades o maldades (según el profeta), me atrevo a resumir cómo era la Atención Primaria en Aliste hasta el 1 de marzo de 2020, entre el 2 y el 15 de marzo de 2020, y ahora, tras la progresiva normalización conforme avanza hacia su resolución (esperamos) la pandemia que no ha terminado. Es algo que no he leído, ni escuchado, ni visto reflejado ni medianamente explicado en ningún medio de comunicación, seguramente porque la realidad de los hechos es más simple y, por ello, menos noticiosa. Sin embargo, para ser honestos, la sencillez de los datos escuetos contribuye mucho más a conformar un juicio acertado. La riqueza de que todos tengamos nuestras propias ideas políticas (las mías no las tapan las paredes transparentes de esta columna cada sábado) no puede empobrecer, incluso embarrar y viciar, un diálogo necesario para conservar y mejorar nuestra Sanidad, rural y urbana, primaria y hospitalaria, de emergencias vitales y de cuidados crónicos.

Antes del 1 de marzo de 2020. La de Aliste, como tantas otras zonas básicas de salud rurales, especialmente las más periféricas, tiene cada vez más dificultades para cubrir la plantilla de médicos. Los de área, chicos y chicas para todo, comodines del sistema a bajo precio, empiezan a escasear. Cuando se jubila alguien o está de baja no se encuentra un sustituto. El programa de consultas resulta inabarcable, e incluso da lugar a un mal uso por parte de los pacientes (por exceso y por defecto). Su rigidez (que vaya un médico, el que sea) empeora la asistencia, pues la flexibilidad (cambiemos el día o la hora, mantengamos el médico) o no se contempla o es percibida como desatención. Evidentemente, la población, con timidez, protesta, y una plataforma en defensa de la sanidad en la comarca ya acumula años de reivindicaciones y aportaciones, en mi opinión, constructivas.

Del 2 al 15 de marzo de 2020. Tras meses de reuniones y negociaciones, con alguna que otra propuesta ignorada por el medio, se determina un programa de consultas más reducido (no mucho más, se iba a todos los consultorios periódicamente) y se prioriza un segmento horario en el que siempre habrá un médico en un consultorio previamente conocido, pues una de las quejas de la población es que no encuentran a los médicos itinerantes, no dan con nosotros (en la zona, además del centro de salud, hay cincuenta y siete consultorios locales: he trabajado en todos, incluidos los que no le constan a Sacyl). A los pacientes se les pide un requisito muy elemental para organizar cualquier agenda de un médico o de un enfermero, herramienta básica de trabajo: que se citen, que no se presenten sin más en el consultorio salvo urgencia. El Plan Aliste arranca sin ningún tipo de dopaje, pues aunque se contratan dos nuevas y eficientes enfermeras no es hasta la misma víspera cuando se completa la plantilla de médicos de cabecera. Tampoco contempla que el centro de salud es a la vez punto de atención continuada, y que casi todos los médicos que pasamos consulta también hacemos guardias, lo que condiciona obviamente cualquier tipo de pilotaje.

Desde el 16 de marzo de 2020 hasta nuestros días. Ya nunca más se ha seguido el programa de consultas anunciado en los carteles oficiales del Plan Aliste, que aún se pueden ver en algún lugar. Los problemas crónicos de cobertura de los médicos ausentes por bajas, permisos, salidas de guardia… se contrarrestan ahora acudiendo a cada consultorio local los días por semana que prevé la normativa vigente según la población de cada pueblo: tres en los mayores de doscientos habitantes, dos en los que superan el centenar, uno si pasan de cincuenta, a demanda y de forma programada si no llegan a esa cifra. Además, se nos ha permitido cambiar de día la consulta cuando faltamos tras una guardia o por un permiso aislado, porque siempre será mejor para el paciente cambiar de día que cambiar de médico. También para el profesional esa alteración de la rutina redunda en un mejor seguimiento del proceso de asistencia a su paciente, y si se hacen estas modificaciones es, sobre todo, porque gracias al esfuerzo de la plantilla de médicos y algunos apoyos externos se está logrando conservar la presencia de dos médicos de guardia en el centro de salud todos los días del año, mientras en otros ya se ha perdido esa dotación.

No obstante, el problema previo de cobertura de bajas y jubilaciones persiste, lo que ha llevado a los alcaldes de la zona incluso a solicitar que se contraten médicos sin especialidad, algo que Sacyl ya hizo en el verano de 2020 bajo el paraguas del estado de alarma (sí, aquel primer estado de alarma inconstitucional, igual que el segundo). Parece que poco importa la calidad asistencial, siempre sometida a criterios discutibles de accesibilidad, y menos aún la denostada especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, que no me cansaré de recomendar como la más hermosa forma de ejercer la Medicina: ¿es un camino para potenciarla que sus funciones las pueda desempeñar cualquier graduado? Sé que los alcaldes alistanos lo sugieren con la mejor intención, pero los nuevos especialistas deben saber que Aliste puede ser un lugar ideal para trabajar esa Medicina de proximidad, de cercanía humana con los pacientes y de lejanía física con el hospital, que significa un reto profesional apasionante y no se trata de ningún desperdicio como desprecian ciertos entendidos. ¡No os lo penséis dos veces, compañeros!

Entonces, sepan perdonar la extensión de esta columna, ¿cómo pudieron votar las Cortes de Castilla y León la retirada del Plan Aliste, que lleva sin funcionar casi dieciocho meses? Eso titularon casi todos los medios. Luego va uno al Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León y se encuentra que lo votado fue esto: Las Cortes de Castilla y León instan a la Junta de Castilla y León a retirar el plan de restructuración de la atención primaria en el medio rural y garantizar de una vez por todas la consulta médica y de enfermería presencial en todos los consultorios y centros de salud de la red de atención primaria de Castilla y León, como mínimo con la frecuencia establecida por ley.

Abracadabra. En efecto, han votado retirar el Plan Aliste, si damos por buenos los carteles con el logotipo de Sacyl en versión campestre que lo anunciaban como “Plan de reordenación de la asistencia sanitaria rural en Castilla y León”. Ahora caben las dos preguntas que todos esquivan: 1) ¿esas mínimas diferencias de la asistencia entre el 1 y el 2 de marzo de 2020 podían denominarse plan de reordenación, solución para unos y desmantelamiento para otros?; 2) ¿acaso no está demandando la oposición, con el respaldo de parte del gobierno, una frecuentación de consultas que ya se está prestando y que seguramente se parezca mucho más a la intención inicial, desviada luego, de la consejera Casado? Al menos sí se está haciendo en mi zona básica de salud que, con todo el estigma que eso supone, no se quitan de la boca unos y otros, donde a decir de determinados políticos y opinadores tenemos dejados de la mano de Dios a los pacientes, cuando en realidad los médicos de Aliste estamos haciendo incluso más trabajo del obligado para asegurar que siempre seamos dos de guardia.

Cada cual sabrá qué conclusiones extraer. Las mías, sobre este tema que conozco porque es mi trabajo diario, las tengo claras. Me pregunto hasta qué punto nos seguirán engañando desde la política-ficción, con sus altavoces mediáticos, sobre todos aquellos asuntos que se escapan de nuestro cotidiano conocimiento. Cuántas votaciones absurdas harán. Cuántos argumentos falsos estirarán hasta el extremo. Cuántos “planes Aliste” han de suceder antes de que la verdad reluzca. Porque existe aunque tantos la pretendan burlar.

Ojalá que en esta encrucijada tan exigente, de alcance no regional sino nacional, la de no avistar médicos con los que atender a los enfermos, la de no tener claro cómo hacer para mantener la calidad necesaria en la asistencia, dejen atrás ese electoralismo tan bien entrenado y se entreguen al realismo imprescindible que la ocasión demanda.

En la fotografía, el consultorio de Rabanales, donde ayer sustituí a una querida compañera.