Afganistán. Cuestión de género

Cualquiera que conozca un poco la Historia, sabe que el progreso resulta imposible sin la figura femenina. Karl  Marx

Tras el control de Kabul por los talibanes[1] el pasado 15 de agosto sin prácticamente ninguna oposición por parte del ejército ni de la policía afgana, el país retrocedió 2 décadas.

Unos días después el Diario de Sevilla publicaba unas declaraciones a Efe del Teniente Coronel de la Guardia Civil Ramón Clemente, uno de los cientos de militares españoles que en distintas misiones conjuntas formaron, equiparon y adiestraron a los que deberían haber frenado el ataque talibán: “Te duele, te frustra, te decepciona que no hayan sido capaces de aguantar el envite” Todos los que allí estuvieron creen que tenían preparación y medios suficientes para aguantar, pero no fue así y para los talibanes el avance hacia la capital fue poco menos que un paseo, adueñándose de las armas, equipos, munición, vehículos, etc.; que a su paso iban abandonando, cuando no entregando voluntariamente, aquellos que tenían la preparación y los medios suficientes para defender a la población civil. ¿Por qué? No hay respuesta.

De momento las que con más fuerza han levantado la voz, no las únicas, frente a la tiranía establecida en el país, han sido las mujeres afganas, así que parece lógico preguntarse si no hubiera sido más eficaz haber invertido en ellas los miles de millones derrochados por los países aliados durante 20 años. Pero ¿por qué ellas? Tal vez sea porque son las que más han perdido. Algunos ejemplos.

Las mujeres afganas tienen prohibido salir de casa sin la compañía de un mahram[2], si lo hacen serán azotadas, y no pueden trabajar salvo en caso de hacerlo como médicos o enfermeras en hospitales que sólo atiendan a mujeres y niñas. No tienen acceso a la educación y, en los pocos casos que es posible siempre separadas de los varones. No les está permitido mostrar ninguna parte de su cuerpo en público[3] si lo hacen serán objeto de azotes, palizas o insultos verbales. Tienen prohibido reír, hablar en público así como cualquier contacto físico con hombres, excepto su mahram. No les está permitido utilizar ropa de colores vistosos o pantalones acampanados, tampoco usar productos cosméticos ya que el castigo puede llegar a ser la amputación de los dedos. No se les permite subir a un taxi solas, ni estar presentes en radios, televisiones o reuniones comunitarias, ni utilizar los baños públicos. Tienen prohibido hacer todo tipo de deporte, montar en bicicleta o motocicleta. Ninguna calle o plaza puede llevar un nombre de mujer. Las ventanas de las casas deben ser opacas para que nadie desde fuera puede verlas, además nadie puede fotografiarlas o filmarlas, porque está prohibido publicar cualquier imagen de mujeres. Y por si todo esto fuera poco, la mujer que sea acusada de infidelidad será lapidada.

Esto es lo que ellas pueden esperar del “gobierno” talibán, no digo nuevo porque en su mayoría son los que estaban hace 20 años, si cabe, más radicalizados. Un “gobierno” que tiene como “ministro” de Interior a un terrorista por el que los Estados Unidos ofrecen más de 11 millones de euros de recompensa, y como líder al Mulá[4] Mohammad Hassan Akhund, uno de los fundadores del movimiento talibán y que también figura en la lista negra del FBI.  

Una tragedia ha comenzado para los afganos, una tragedia que será invisible desde fuera del emirato en poco tiempo, pero muy real dentro de sus fronteras. Un territorio de 35 millones de personas (aunque no existe un censo verificable) con más de 3,5 millones de desplazados por la violencia, más de 2,5 millones refugiados en Pakistán o Irán y muchos otros que quieren huir. Con una economía paralizada, una “política” (si se puede utilizar este término) en crisis, una pandemia galopante y gobernado, con extrema dureza, no mediante leyes sino a través de una interpretación muy particular y ultraconservadora de la sharía[5] o ley islámica.

En algún sitio he leído que Afganistán es el peor país del mundo para nacer mujer. Pero yo no tengo dudas de que el futuro está en sus manos y ellas resistirán, siempre lo han hecho en todos los lugares y en todas las situaciones en que ha sido necesario.

El exsecretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan dijo en cierta ocasión: La igualdad de las mujeres debe ser un componente central en cualquier intento para resolver los problemas sociales, económicos y políticos. Antes que él, el economista y filósofo alemán Karl Marx había afirmado que: Cualquiera que conozca un poco la Historia, sabe que el progreso sería imposible sin la figura femenina. Y con una gran dosis de ironía la prestigiosa cirujana, fisióloga y feminista estadounidense, Estelle Ramey opinaba que: La igualdad llegará cuando una mujer tonta pueda llegar tan lejos como hoy llega un hombre tonto. ¡Cuánta razón en tan pocas palabras!

 


[1] Que al castellano se puede traducir por “estudiantes”

[2] Una persona con la que no puede casarse: padre, madre, hermanos o hermanas, hijos, hijas, nietos, nietas o su marido en caso de estar ya casada.

[3] Ni siquiera los tobillos.

[4] Mulá o mullah es el título que designa, en algunas comunidades chiítas, a sacerdotes islámicos expertos en el Corán.

[5] Código detallado de conducta, que incluye normas relativas al culto, la moral de vida, reglas separadoras entre lo que consideran el bien o el mal según lo propuesto por el Corán.