Servicios al ciudadano 

Decíamos en los años noventa (F. Aguadero 1997, “La Sociedad de la Información. Vivir en el siglo XXI”), ante el inminente desarrollo de la sociedad de la información, que esta tenía su punto de partida y de mayor desarrollo en las sociedades avanzadas, tanto cultural como económicamente. Y en las que el tercer sector, es decir, los servicios, tienen tal peso en la economía que ocupan a más del 50% de la población. No nos equivocábamos, en el caso de España en 2019, momento previo a la pandemia, se alcanzó el 75,63%.

También avanzábamos, entonces, de que cuando la sociedad de la información y el conocimiento estuviera plenamente desarrollada, su principal característica sería la virtualidad. Que sería una sociedad auténticamente virtual, en la que casi todo podría ser instantáneo y global, gracias a la infinidad de posibilidades de todo tipo que las autopistas de la información pondrían a disposición de las personas y que supondría una nueva fuerza para el desarrollo económico y social, emanada de considerar a las relaciones como un recurso social de primera magnitud, tanto dentro de las empresas e instituciones como fuera de ellas. Estamos en ello, la sociedad está transitando por ese camino.

Vivimos en un momento en el que el principal escenario son los servicios, el sector más fuerte, más dinámico y en el que los modelos culturales de organización se hacen patentes, preocupándose por la cultura de la empresa o institución, por sus valores, propósito, comportamientos, entorno, por su vida moral. Pero no tanto preocupándose de la persona, como ciudadano y como consumidor.

Desafortunadamente, ese avance de la sociedad de la información y del sector de los servicios, no se ha traducido en una mejora de los mismos, más bien al contrario, la ciudadanía siente que le quitan servicios de los que ya disfrutaba o que ha empeorado la prestación de los mismos, llámese sanidad, educación, bancos, luz eléctrica o transporte público en el medio rural, por citar algunos.

Con la llegada de la pandemia, se puso de manifiesto la demanda de unos servicios sociales, ante la cual se evidenció la carencia o debilidad de los mismos, su burocratización y el desequilibrio por regiones autonómicas, fruto de la falta de inversión, como consecuencia de la crisis económica anterior y que alcanzó su punto más bajo en el 2014.

Según un informe de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, un foro independiente de alta consideración, el 40% de la población española vive en comunidades con servicios sociales débiles o irrelevantes. El gasto público en España representa el 43,6% de su Producto Interior Bruto (PIB), mientras que la media europea es del 48,1%. Además de ese porcentaje tan bajo de gasto público, España dedica menos recursos que los países de su entorno a sanidad, educación y protección social. El Estado de Bienestar se tambalea. El Gobierno y las Comunidades Autónomas tendrán que apuntalarlo en los próximos presupuestos.

El índice que elabora la citada Asociación, muestra el desequilibrio territorial en cuanto a los recursos dedicados al subsector de los servicios sociales, así como el desinterés de algunos gobiernos regionales y de gobernantes, por este aspecto clave del bienestar social. El País Vasco y Navarra aparecen a la cabeza con una excelente nota, mientras que, en el otro extremo, con una inversión irrelevante, se encuentran comunidades como Murcia, Cantabria, Canarias y Madrid. Especialmente llamativo resulta el caso de la Comunidad de Madrid que, teniendo la mayor renta por persona (PIB) de España, se sitúe a la cola en cuanto a inversión en servicios sociales, con el consiguiente abandono de los servicios que han de atender a la población con menos recursos y más necesidades.

Más allá de los servicios sociales públicos, los ciudadanos se enfrentan a trabas, marañas burocráticas, usos de internet, virtualidad de las gestiones o una especia de “hágaselo usted mismo”, que ha convertido el acceso a las ayudas o al disfrute de los servicios en un auténtico quebradero de cabeza, máxime para las personas mayores o vulnerables, por alguna circunstancia. Claramente hay mucho espacio para la mejora en el sector servicios. Gobiernos, administraciones públicas, compañías de servicios, de telecomunicaciones, eléctricas, bancos… es preciso que se pongan manos a la obra, para que mejore el nivel de los servicios, los ciudadanos y la sociedad lo necesitan.

Les dejo con CIUDADANO de Joan Manuel Serrat.

                                                                                                        Aguadero@acta.es