Diario de la peste digital

    Dia x : La mujer del banco me ha dicho que dejaré de ver su cara. A partir de ahora solo me atenderán de forma digital. Era un poco desabrida, pero al menos era humana. Ahora los mecanismos, clic, clic, cloc, cloc, me dirán siempre lo mismo, pregunte lo que pregunte. Y si no, me mandaré tropecientas veces a Preguntas Frecuentes.

      Día z: Mi novia me ha dicho que a partir de ahora solo tendremos contacto digital. Me mandará imágenes con iconos, y me hará clic de vez en cuando. Su Facebook le recordará cuando es mi cumpleaños y cuando la vi por primera vez. Si quiero tocarla, no podré tocarla, me dirá que eso es vulgar y pasado de moda.

      Día l: Mi abuela me ha dicho que deje de molestarla. Tiene programados para los próximos seis meses todo lo que le toca decirme. El sistema me hará llegar una postal suya cada dos semanas, y un icono con risas me llegará a principios de mes.

    Día t: El médico me dice que a partir de ahora me contestará su programa de manera digital desde Preguntas Frecuentes. Y si me duelen los riñones, que deje de tener riñones, eso es algo vulgar y pasado de moda. Ahora se lleva lo minimalista y no tener riñones ni culo. Claro que eso fue la semana pasada, tal vez haya cambiado otra vez.

      Día s: El gobierno ha dicho que nadie se acerque por nada del mundo a un funcionario. De hecho, dejará de haber funcionarios personas y solo habrá códigos y programas de internet. Incluso habrá programas de Preguntas Frecuentes por si se produce una Inundación o resucita Napoleón.

     Día m : Me dan ganas de cagarme en la grandísima puta madre  de todos ellos. Ya no hay nadie por las ciudades, incluso los paseos son digitales.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR