Un nuevo curso.

Algunos empezamos el día uno de septiembre  después de quince días de voluntariado de veinticuatro horas en la Casa Escuela Santiago Uno.

Veinticinco años con distintas generaciones de chicos y cada vez más chicas en situación de desamparo familiar, escolar y social.

Con tanto tiempo de convivencia con niños que repiten carencias y problemáticas, tanto tiempo sobreviviéndonos. Todos distintos y con una búsqueda de cariño e incondicionalidad especial.

Experiencias compartidas con mis hijas. Las cuáles ya van pidiendo y necesitando una autonomía que estos chicos tardan en tener emocionalmente porque muchos de ellos están empezando a trabajar en verano desde los dieciséis años.

Las largas vacaciones del profesorado y de alumnos aparentemente normales que han pasado todo el verano pegados a un móvil.

Aquí descubro la importancia de un ocio sano. El tiempo que dediqué a mis hijas hasta que daban a una pelota con la raqueta o llegaban a una canasta, fue tiempo para un ocio sano en una futura autonomía.

No se pueden divertir estas chicas con un deporte si no han tenido padres que las acompañes hasta coger afición. A veces no vale apuntarlas a clase se necesita tiempo con los hijos.

Cuando empezamos a oír en la tele sobre la depresión postvacacional del profesorado me parece un chiste. Cuantas más vacaciones más queremos.

Nosotros sin embargo tenemos en mente la recuperación de cuatro niñas de doce a catorce años que vienen de estar retenidas en un zulo, de ser abusadas, … Y que tienen más miedo a la escuela y sus currículum que a sus propios maltratadores.

Las matriculamos en un colegio y se quedan en nuestro aula alternativa. Llevamos con esta situación ilegal más de quince años y nos dicen que nos callemos que ya nos han dado muchos conciertos. ¿ Dónde está la maravillosa pública que las atiende como rezan los derechos de las niñas ?.

Es una sociedad partida fomentada desde la escuela. Burócratas en todos los ámbitos que engañan la realidad para mantener el estatus de unos pocos.

Cada vez siento que somos menos los que nos mezclamos por vocación y conciencia de justicia social.

Llega septiembre y las estúpidas programaciones que deberían ser personalizadas y han sacralizado los estándares.

Gracias a los compañeros que realmente se enamoran de todos los alumnos. Que priorizan la persona y no se sienten seres superiores intocables y examinadores por vocación.