"De mañana a mañana"

 

Amaneció el día san Roque el chico fresquito y recomendaba un cacho jersey, pero, una vez, caminabas un poco, casi sobraba.

En la Cotorrita, los restos del botellón: vasos de plásticos, que servían de enredo al viento, botellas de fanta medio llenas, bolsas enredadas en los cardos y silencio, “ya lo habían bebido, hablado y cantado casi todo hasta el día siguiente.

 

No me encontré a nadie en el camino, solo iba yo en compañía de mi sombra y de mi pensamiento. Así pude comprobar que don Antonio Machado tenía razón: observé los cientos de pisadas de distinto tamaño, que miraban unas a los pinos, y otras al pueblo. ¡La cantidad de caminos que albergaba el sendero de los Lobos! “Se hace camino al andar”, decía el poeta.

 

Y, en tertulia, mi pensamiento, mi sombra, mis zapatillas, gastadas de viejas,  y yo nos preguntamos: ¿Cuántos caminos nos quedan, amigos? Aún llevo el bastón en ristre, pero ¿hasta cuándo, seguiremos abriendo sendas que nunca volveremos a pisar?

 

Y llegamos a la cuesta de cantos rodados y de raíces de pinos al aire, y tuve que bajarla solo, mi pensamiento y mi sombra desaparecieron de pronto, y fue mi bastón, quien me echó una mano, para no romperme la crisma. Y salvado el entuerto, aparecen de nuevo, cuando menos lo necesito.  ¿Dónde os habéis metido?, pregunté a mi sombra y a mi pensamiento?

 

Se habían ido a lo suyo. Es la vida.

 

Y me encontré con un amigo en la bajada. Hizo un vídeo de mi andar tortuoso y precavido. Hacía unas horas que Jesús terminaba de cumplir 77 años. Y yo seguía con la matraca, ¿Cuántos paseos me quedan por esta ruta, que he trochado miles de veces, y que, incluso, me perdí con tan solo cuatro años?

 

De momento, quiero volver mañana. “De mañana a mañana”, como dice Simeone, el entrenador.