La charla prepartido o entrenamiento verbal.

            Ya hace más de 11 años que escribí un artículo sobre la “charla prepartido”. Y recordaba a Stefan Kovacs que en su libro “Fútbol” aconsejaba que dichos “discursos” no debían durar más de diez minutos para no perder la atención. Abogaba por los mensajes cortos, telegráficos, concretos. El mismo Alejandro Scopelli en su libro “Hola Míster… 12 años después” decía que la charla prolongada puede llegar a mortificar al futbolista más que aclarar las cosas. Antes de jugar el partido los futbolistas te “oyen” pero no te “escuchan”.             

         Se ha consolidado la moda de que, cuando un jugador va a entrar en el campo de juego a sustituir a un compañero, le presentan un manojo de papeles escritos con dibujos, gráficos y esquemas que, sinceramente, es un engendro metodológico. En décimas de segundo le quieren dar lecciones magistrales. En el fondo, es una manera de vencer la angustia el entrenador de turno. 

Es conocido que muchos entrenadores dan tanta información de los equipos contrarios que consiguen una motivación negativa para los suyos. Fórmula que se vuelve en contra del propio equipo. Más bien se debería aprovechar para reforzar las virtudes de tu propio grupo y no martirizar con lo excelente del contrario. Las consignas deben ser livianas, fáciles de retener, recordatorios de lo trabajado en la semana de entrenamiento. Incluso, la comunicación desde la banda debe ser muy esquemática. Lo que pasa es que al público le gustan esas manifestaciones barrocas, cuanto más se teatralice parece que el entrenador hace más por el partido. Y en esa dinámica han caído, torpemente, muchos entrenadores que “dirigen” para la galería… Por más que el público y la prensa ponderen dicha actitud.

Al fin y al cabo, un proceso de comunicación eficiente significa que, el que transmite, es entendido por la otra parte sin dificultades. La concentración es una cualidad escasa en los futbolistas y, en general, son bastante displicentes en cuestiones tácticas. Por lo que, una vez más, insisto que son los entrenamientos los que deben resolver los mecanismos del aprendizaje y los entrenadores debieran huir de las grandes charlas en los minutos precedentes al partido. Incluso, más sobrios en las instrucciones y gestiones al borde del campo de juego.

 

 

El otro día veía en un campo de hierba de las excelentes instalaciones de La Aldehuela a un padre que “entrenaba” a dos niños que no pasarían de 12 años. Se desgañitaba para que los niños cumplieran con un posicionamiento inicial y, en un momento dado, hicieran un desmarque alejándose de una “pica” para que recibieran en movimiento el balón y al recepcionar uno de los niños debía tirar a una portería sin portero. Y yo digo, no sería mejor darle el balón a los dos niños y que lo dominasen, lo condujesen, se regatearan entre sí, controlaran el balón en el aire entre los dos, etcétera. Querer que un niño de 12 años asimile tácticas está fuera de lugar si antes no se les ha preparado para manejar la pelota con distintas habilidades. Ahora bien, “chapeau” para el padre porque al menos ejercía de “entrenador” con gran entusiasmo, cuestión que ya no se lleva y se dedican a entrenar a sus hijos en los partidos, dándole instrucciones usurpando funciones al entrenador de turno.

25.agosto.2021.