La escritura se compone con la vida (II)

Para Esperanza Rechy Rivera

La columna de la semana pasada, sábado 13 de agosto, la cerramos con el anuncio de encontrar en el texto presente el porqué de la idea de la escritura como algo compuesto con la vida. Evidentemente, a golpe de vista el anunciado anterior puede clasificarse como una verdad de Perogrullo. Todas y todos aquí nos encontramos ciertos en relación con ese juicio de la escritura compuesta con la vida. Pero por favor no nos apresuremos demasiado a cincelar conclusiones, la columna nos da para un poco más y no estaría mal usar su espacio para intentar explicarnos.

Mi amistad señalada en el escrito anterior, como les dije, tiene una práctica de lectura definida.

Como instrumento de su práctica se ha volcado en su travesía espiritual el arte del subrayado y la escritura marginal. Su biblioteca docta y no austera, por lo tanto, se aprecia anotada en abundancia de trazos y grafías en tinta de bolígrafos. El objeto libro luce esa estética hipertextual embelleciéndolo, y el flujo semántico del autor idea a idea entabla una conversación con quien lo lee.

Ese itinerario intelectual corresponde al de mi padre, Juan Angel Torres Herrero. Como si se tratara de un concierto de los Rolling Stones, reflejado de manera pálida en el ticket del evento, así un imperio de criterios, razonamientos, intuiciones, iluminaciones, no se desprende de los trazos en el volumen subrayado, anotado y comentado por mi padre. Con su mirada fija en los signos en rotación de la página serena y rutilante de su lectura, el lector recrea esa realidad dada de una sola vez en el tiempo y el espacio, pero abierta por siempre a la significación semántica.

El hábito de su práctica letrada acompaña a mi padre a su escritorio. La sombra de la tradición clásica le ofrece puntos de perspectiva para acercarse al presente de una manera más rotunda. Su acercamiento a la realidad se encuentra mediado por la letra impresa, y el acercamiento a esta se ve regulado por su sabiduría vital aquilatada en sus apuntes tanto en los libros como en sus cuadernos de trabajo. Esto, claro está, lo señalamos con una intención. No pretendemos solo batir platillos y tambores como un Charlie Watts fuera de contexto. Lo describimos por su implicación con la idea de la escritura compuesta con la vida.

 

Juan Angel Torres Herrero

 

«Retirado en la paz de estos desiertos, | con pocos pero doctos libros juntos, | vivo en conversación con los difuntos | y escucho con mis ojos a los muertos. || Si no siempre entendidos, siempre abiertos, | o enmiendan o fecundan mis asuntos; | y en músicos callados contrapuntos | al sueño de la vida hablan despiertos.» Las obras impresas, como nos lo dijo Quevedo, nos hablan con sus páginas abiertas hoy, en nuestras lecciones y estudios nos mejoran, pero nosotras y nosotros influimos por igual en esas obras. Tales constelaciones en el papel de los libros no se encuentran cerradas al influjo del pensamiento. El verso, como unos labios, se abre para dejarse saber. El lector lo abre. La disertación de la y el intelectual se tiende ante nuestras manos y se ve necesitada de nuestra intervención para sostenerla en su existencia de conjunto de palabras agrupadas por la lógica. Una carta solo llega cuando uno llega a ella y le da su vida.

 


21 de agosto de 2021
Xalapa-Equez., Veracruz, México
Juan Angel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com