¿Importa lo que diga la gente?

Un sabio contestó a un viajero que le preguntaba: “¿Cómo es la gente del sitio a donde voy a ir?” El veterano humanista le preguntó a su vez : “¿Cómo es la gente de la región donde vive usted?” El otro le respondió: “Es egoísta, codiciosa, y fastidiosa”. La respuesta del sabio fue la siguiente: “Así de esa misma manera es la gente de la región a donde usted va a ir”. Y le explicaba a un amigo: “Si me hubiera dicho: La gente de mi región es agradable, tratable, generosa y buena, yo le habría dado la misma respuesta: así, de esa misma manera es la gente de la región a donde usted va a ir. Porque el modo que los demás tendrán al tratarnos a nosotros dependerá en gran manera del modo que nosotros tengamos de tratarlos y juzgarlos a ellos. Y según la lente con que miremos a las personas (positivo y rosado o negativo y negro), así nos parecerán ellas”. Según somos y pensamos, así juzgamos.

San Pablo, hace estas advertencias: ¿Tú por qué juzgas a tu hermano? ¿Tú por qué desprecias a tu hermano? ¿Es que no sabes que todos tendremos que presentarnos ante el tribunal de Dios a darle cuenta de lo que hemos hecho?”

Nada bueno puede salir de la crítica destructiva, ya que ésta pone de manifiesto una murmuración, calumnia o un juicio temerario. ¿Por qué critican las personas? Estas lo hacen, normalmente, por envidia, celos, orgullo, susceptibilidad herida, agresividad… La crítica brota de un corazón amargado, duro, arruinado por los fracasos y el negativismo. Una persona que ha caído en la manía de cuestionarlo todo, de creerse siempre superior a los demás, está incapacitada para poder descubrir todos los valores positivos de los otros. A la larga, todos huirán del calumniador, criticón, murmurador, pues nadie tiene las espaldas seguras con Él. Hasta los mismos amigos se pueden convertir en víctimas inocentes.

El chisme es sabroso, dice la gente, “el chisme es como un jazmín que se convierte en palmera” (Pemán). Pemán, en su obra teatral “La viudita naviera”, narraba una chirigota que en la ficción teatral se llamaba “Los Chismosos” y que en la vida real era nada menos que la comparsa de Paco Alba. “Los Chismosos” se presentaban así: “Somos los chismosos / que saben más chismes / en esta ciudad, / sabemos las cosas que pasan, / y las que van a pasar, / y las que nunca pasaron, / ni pasarán”. Y en esta copla decía Pemán que chisme es “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”.

No faltan críticas, contrariedades, contratiempos y zancadillas para el que emprende cualquier obra importante. Cada uno es lo que es, sin que las críticas o las alabanzas lo cambien. Con frecuencia podemos ver cómo las alabanzas están llenas de mentiras y de hipocresías. No es bueno, pues, vivir pendiente ni de las críticas ni de las alabanzas, pues ya se sabe que todos no tienen la misma química y se haga lo que sea, unos lo alabarán y otros lo criticarán.