850 años de Alfonso IX de León, el rey ‘santiaguista’ de Las Arribes

Este domingo, 15 de agosto, se cumplen 850 años del nacimiento en Zamora del rey Alfonso IX de León, un monarca que, si bien tuvo gran importancia para la actual provincia de Salamanca (ya que creó en 1218 la Universidad de Salamanca, además de varios concejos en la zona sur de la provincia como Miranda del Castañar, Montemayor del Río, Monleón o Salvatierra de Tormes), no tuvo tanta trascendencia para el noroeste salmantino.

No obstante, esta escasa trascendencia de Alfonso IX en el noroeste salmantino se debe a que su padre y predecesor en el trono, el rey Fernando II de León, ya había llevado en nuestra zona todas las acciones necesarias para reforzar su entramado poblacional, con una profunda labor repobladora en la Ramajería, la Ribera y el Campo de Vitigudino, así como en el Abadengo con la colaboración de la Orden del Temple, a la que cedió la gestión de dicha comarca.

Sin embargo, el hecho de que Fernando II ya dejase todos los deberes hechos en el noroeste salmantino no impidió que Alfonso IX realizase diversas acciones concretas en algunas localidades de Las Arribes, que marcarían posteriormente su devenir histórico, habiendo visitado también nuestra zona, pues en el año 1194 se documenta la estancia de Alfonso IX en San Felices de los Gallegos.

De manera previa a dicha estancia, este monarca decretó en el año 1192 la donación de Vilvestre al Arzobispado de Santiago, que de esta manera pasaba a ejercer un Señorío de corte eclesiástico sobre esta localidad, cuya fortaleza, de vital importancia, se asomaba a unas Arribes del Duero que ejercían de frontera entre los reinos leonés y portugués, con la fortificada Freixo de Espada à Cinta actuando como vigía en la margen portuguesa del río.

Por su parte, también en la línea fronteriza, Saucelle fue protagonista de otra donación de Alfonso IX, que cedió a la Orden de Santiago esta localidad a finales del siglo XII, integrándose posteriormente en la Vicaría de Barruecopardo de dicha Orden, una vez que, en el año 1195, Barrueco pasó a pertenecer a los santiaguistas.

Además, junto a Saucelle, otras localidades de la zona (Barreras, Barceíno, Barceo, Cerezal de Peñahorcada, El Milano, Peralejos de Abajo, Saldeana, Valderrodrigo y Villasbuenas) pasaron a formar parte de dicha Vicaría de Barruecopardo, que integraba la Diócesis de León de Santiago o Priorato de San Marcos de León (que englobaba los territorios leoneses de la Orden de Santiago), cuya pervivencia se prolongó hasta el año 1873, cuando dicha diócesis fue disuelta mediante bula papal, pasando a formar parte todas las localidades de la vicaría barruequina de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, a excepción de Peralejos de Abajo, que se integró en la de Salamanca.

No obstante, donde tuvo una intensa actividad Alfonso IX fue en la zona de Riba-Côa (o Cima de Coa), en la vertiente portuguesa de Arribes, al oeste del Abadengo. Una zona hoy integrada en Portugal y que entonces pertenecía al Reino de León, ocupando el área al sur del río Duero entre la actual frontera hispano-portuguesa y el río Côa. Cabe apuntar como curiosidad que dicha zona no se integró en el Reino de Portugal tras su independencia de León en 1143, sino que siguió perteneciendo al reino leonés hasta el año 1297, cuando pasó a Portugal mediante el Tratado de Alcañices. En este caso, su paso a Portugal fue una concesión dada por Fernando IV al rey portugués a cambio de su apoyo militar en la guerra civil abierta en la Corona de Castilla y León, en cuyo contexto se había coronado como rey de León el infante Don Juan y como rey de Castilla el infante Don Alfonso, mientras Fernando IV reclamaba ambos reinos y se proclamaba soberano de ambas Coronas, acabando con la guerra civil y haciéndose con el control total del reino leonés en 1300 y con el castellano en 1304.

En todo caso, volviendo a los tiempos de Alfonso IX, cabe apuntar que en esta zona fronteriza del Riba-Côa este monarca concedió Fueros a varias localidades, como Castelo Rodrigo, Castelo Melhor, Alfaiates y Castelo Bom, además de fundar Sabugal sobre el paso del río Côa, que fortificó, al igual que Almeida y las mencionadas localidades aforadas. Con ello, Alfonso IX pretendía reforzar la defensa de la frontera en la línea del entonces fronterizo río Côa, otorgando así una mayor seguridad a zonas como el Abadengo o Ciudad Rodrigo. Por su parte, Portugal respondió al refuerzo de la vertiente leonesa del Côa con la creación de concejos como Sortelha o Pinhel, creando asimismo la Diócesis de Guarda, estableciendo nuevas fortalezas en la margen occidental del Côa.

Sin embargo, el refuerzo del área ubicada entre los ríos Côa y Águeda por Alfonso IX de León, que se sumaba a la línea de fortificaciones que poseía el reino más al norte, en la parte fronteriza del Duero, apenas sirvió para resguardar la frontera del Côa durante siglo y medio, debido al mencionado desplazamiento de la frontera pactado en 1297. No obstante, en el ámbito eclesiástico la dependencia del área a tierras leonesas siguió vigente un siglo más, hasta comienzos del siglo XV, dependiendo hasta entonces las localidades del Riba-Côa a la Diócesis de Ciudad Rodrigo, mientras el monasterio cisterciense de Santa María de Aguiar (ubicado junto a Figueira de Castelo Rodrigo), seguía jerárquicamente bajo el mando del principal monasterio de la Orden del Císter en el Reino de León, el de Granja de Moreruela, en la actual provincia de Zamora.

En todo caso, fuera del área de Las Arribes son varios los hitos dignos de destacar del reinado de Alfonso IX. Y es que, además de la fundación de la Universidad de Salamanca, este rey de León ha pasado a la historia como el primero en convocar a representantes elegidos por el pueblo llano a unas Cortes, motivo por el cual la UNESCO reconoce las Cortes del Reino de León de 1188 como Cuna del Parlamentarismo a nivel mundial. Unas Cortes en las cuales los electos del concejo de Ledesma representaron a la Ramajería, la Ribera y el Campo de Vitigudino, mientras los electos de Ciudad Rodrigo sirvieron como voz al Abadengo.

Por otro lado, Alfonso IX destacó también por el notable avance que dio a la Reconquista, haciéndose con el control de la mayor parte de la actual Extremadura (donde dotó de Fueros a Cáceres, Coria o Badajoz), llegando con sus tropas hasta la sierra de Huelva. Una exitosa campaña militar que le llevó a peregrinar a Santiago en 1230 para dar gracias al apóstol por ello. Sin embargo, no llegó a su destino, falleciendo en peregrinación en la localidad gallega de Sarria el 24 de septiembre de 1230.

Finalmente, tras su muerte, su testamento no fue respetado, de modo que sus hijas Sancha y Dulce, a las que había dejado como herederas de su Corona, no pudieron llevar a cabo el gobierno dual de mujeres diseñado por Alfonso IX en sus últimas voluntades. En su lugar, la madre de ambas herederas y primera esposa de Alfonso, Teresa de Portugal, acordó con la segunda esposa de Alfonso, Berenguela de Castilla, que fuese el hijo de esta última, Fernando III, quien heredase el trono leonés, a cambio de una importante partida económica anual para Sancha y Dulce.

Se cerraba con ello el último capítulo de la vida de Alfonso IX de León, el de su herencia. Un monarca, nacido hoy hace 850 años en Zamora, que en Las Arribes mostró su lado más ‘santiaguista’, con donaciones a la Orden de Santiago y al Arzobispado de Santiago de Compostela, fruto de lo cual hoy son varias las localidades del noroeste salmantino que albergan en sus escudos municipales la cruz de la Orden de Santiago, herencia de la actividad real de Alfonso IX que pervive ocho siglos y medio después de su nacimiento.