La otra realidad

Es cierto, vivimos en otra realidad distinta a la de 2019. Es una realidad marcada por el miedo y la inconsistencia afectiva del día a día. En vez de propiciar la cercanía entre las personas, que es lo que diseña la energía positiva, nos vamos dos metros, para que corra el aire de la desconfianza, en vez de estrecharnos la mano, nos chocamos los puños, como los boxeadores cuando se van a zurrar y en vez de besarnos, deseamos que los ojos (¡pobrecitos míos!) hagan esa función: la que los labios ansían.

 La otra realidad nos quita aparcamientos y nos pone terrazas. En el ascensor…una persona, por favor. La frutería, a las diez de la mañana parece la cola del hambre del 36. Resulta harto complicado ilusionarse cada día con la vida, pero mientras no nos falte vamos a ello. No queda otra.